El toro por los cuernos: Humanizar la atención del nacimiento en las instituciones de salud

Por Mercedes Campiglia

La institucionalización en la atención de los nacimientos es una realidad en nuestro país. Un 98% de los partos ocurren en instituciones de salud públicas, por lo que para hablar de humanizar el nacimiento hay que tomar el toro por los cuernos y entrar a discutir las prácticas de atención en las instituciones de salud. Para abordar la problemática de la híper-medicalización del nacimiento en las instituciones es necesario atender, de manera simultánea, cuatro ejes fundamentales: La capacitación-sensibilización del personal, la educación perinatal, el acompañamiento durante el parto y la apropiación del espacio. 

 

Capacitación-sensibilización

Para humanizar el parto necesitamos profesionales dispuestos a seguir aprendiendo estrategias nuevas, a sentarse en el suelo para recibir a los bebés en las posiciones y los lugares que las mujeres elijan para parir, porque de esa manera nuestros resultados de salud serán mejores. El parto humanizado es incómodo, obliga quienes lo atienden a pasar noches sin dormir, a experimentar dolores musculares insólitos por las horas de contrapresión en los huesos de la pelvis, a trabajar en posiciones extrañas, a faltar a toda clase de eventos familiares y compromisos laborales… Sólo puede atender de este modo quien está enamorado de la belleza de atestiguar el surgimiento de la vida y de ver la fortaleza de la mujer desplegándose. Es por eso que, a la par del enfoque científico que apunta a señalar la pertinencia de evitar las intervenciones, es necesario realizar un proceso de sensibilización entre el personal de salud que debería arrancar en las aulas de las escuelas de medicina y enfermería.

No podemos pensar en un parto humanizado sólo para la mujer. La medicina institucional opera bajo una lógica productiva en la cual madre, médico y enfermera son piezas de una maquinaria que dará por resultado un “producto” saludable. Y no es de la producción de lo que se trata el nacimiento; se trata de un acto de amor al que debe restituírsele la dignidad y reconocérsele el carácter trascendente.

 

Educación perinatal

Día a día tenemos más nacimientos quirúrgicos y no se trata de un tema exclusivamente asociado con las decisiones de los profesionales de salud. Cada vez con más frecuencia las pacientes llegan pidiendo una cesárea a sus proveedores de salud por considerarla más segura, sencilla y beneficiosa. El discurso dominante permea a los sujetos y es internalizado por ellos. Así pues, una de las piezas clave para que una transformación significativa en la atención del nacimiento ocurra, es que las mujeres así lo deseen. Es por ello que resulta fundamental la preparación para el parto. Una preparación en la que las mujeres reciban información veraz, basada en evidencia, para tomar las decisiones que consideraran pertinentes. Una preparación que las invite a reapropiarse de sus cuerpos, a reconocerlos, a entender la fisiología del parto y el papel activo que podrían adoptar en la experiencia.

 

El acompañamiento

La mayor ayuda ante la dificultad que el parto representa está dada por la posibilidad de ser acompañada de un ser querido, especialmente cuando se trata de la pareja. La posibilidad de parir acompañadas hace que el momento del nacimiento se cargue de afectividad. Atravesar juntos por una experiencia como el nacimiento en la que se encuentran el mayor dolor y la mayor alegría tiene una suerte de efecto iniciático; estrecha los vínculos y permite renovar las alianzas. Es inaceptable que en nuestros hospitales públicos se obligue a las mujeres a parir en soledad. Si pudiera elegir una sola bandera para levantar en la humanización del nacimiento, elegiría ésta. Las mujeres deben tener derecho a parir acompañadas de quien ellas elijan porque el nacimiento de un hijo no es un evento médico, es un evento profundamente humano y transformador que es necesario vivir en compañía de un otro significativo.

El mayor placer de la experiencia, en todos los casos, está asociado con recibir al bebé húmedo y tibio en brazos en el momento mismo del nacimiento. Entregar el hijo a los padres es un gesto que reconoce su centralidad en el proceso y el momento de encuentro entre los que conforman esta familia que se funda a partir del nacimiento es indescriptible. El parto no es un trámite, no es un procedimiento, no es un tratamiento, es un momento inaugural cuya cúspide es la llegada del bebé a los brazos de sus padres.

 

El espacio

El espacio humilla o empodera, libera o atrapa, asusta o tranquiliza. El espacio es una poderosa intervención sobre el cuerpo de las mujeres. Un modelo de atención, para ser realmente revolucionador, debe considerar esta variable. Es necesario que las mujeres puedan apropiarse de los paritorios, que los llenen de sus sonidos y sus olores porque el parto es un evento íntimo. Hace falta garantizar cierto grado de privacidad y permitir la movilidad para poder hablar de una atención humanizada. Como afirma Guadalupe Trueba “La mujer dando a luz en un hospital se ve obligada a hacer algo muy privado en un lugar público”.

 

Así pues, para en verdad avanzar en la humanización del nacimiento, es necesario trabajar desde diferentes frentes. Necesitamos legislar, incidir en las políticas públicas, trabajar con los profesionales y con las mujeres… Necesitamos revolucionar un sistema de salud que pone las normas sin considerar a los sujetos. 

 

 

 

 

 

 

¿Para qué duele el parto?


Por Guadalupe Trueba

Existen dos fuerzas con las que no conviene luchar; la fuerza de la naturaleza y la fuerza del amor. Ambas van de la mano en el parto. El parto duele y nos hace crecer en amor.

El nacimiento de nuestros hijos nos enfrenta a grandes dificultades y enorme esfuerzo, pero también nos brinda la posibilidad de crecer en fortaleza, auto-estima y confianza. Todos estos son atributos que ayudan a enfrentar con mayor seguridad el rol materno que es necesario ejercer con maestría en la convivencia con el bebé. El parto nos hace crecer en "amor".  El embarazo y el parto son actos de amor. Exigen paciencia, ponerse al servicio del hijo por nacer, compartir la vida con él, compartir el tiempo, el espacio físico y la casa y aprender a respetar sus tiempos. En el embarazo y el parto la mujer excusa todo, espera y soporta sin límites. Se hace tangible y evidente el amor, porque lo vive intensamente.

Penny Simkin comenta que “Las largas horas del parto representan una crisis general. La mujer se enfrenta a las sensaciones físicas más intensas y a las emociones más profundas y estresantes que quizá experimente en su vida. Dolor, esfuerzo, fatiga, ansiedad, duda, vulnerabilidad, entorno extraño, gente desconocida, desnudez… ¡lo experimenta todo! Una fortaleza física y emocional forma parte de su naturaleza como mujer y al dar a luz, se puede experimentar un gozo inmenso.”

Pero… ¿y el dolor? ¿cómo se puede gozar si duele?... El dolor juega un importante papel en el proceso del parto normal y tiene un efecto protector. Responder al dolor de las contracciones con movimiento – caminar, mecerse, balancear la cadera, cambiar de posición – no solo ayuda a que el bebé pase por la pelvis y se coloque en la mejor posición para nacer, sino también nos protege durante el parto. Porque duele es que identificamos que el trabajo de parto ha comenzado y porque duele aún más, sentimos la necesidad de hacer contacto con quien nos acompañará y así vamos necesitando darle un sentido a los sentimientos, sensaciones y las acciones conforme avanzan las horas del parto.

Conforme el cuello del útero va cediendo, aumenta la producción de una hormona llamada Oxitocina (la hormona del amor) y las contracciones se hacen cada vez más fuertes, se vuelven más efectivas. Conforme el dolor aumenta, se producen otras sustancias llamadas Endorfinas (hormonas del placer y del sentimiento de bienestar) que ayudan a la mujer a cooperar con el dolor y las demandas del trabajo aún más intenso y que tiene por objetivo ayudar al bebé a salir. Responder activamente a las contracciones del trabajo de parto, no solo da confort, sino que ayuda a que avance.

El dolor en el parto no está asociado a un trauma, sino que es parte de un proceso normal y saludable, y se puede comparar al dolor asociado a otras actividades físicas que implican un gran reto. Aquellos que se esfuerzan por ascender el último peldaño de una montaña, conquistar la cima y llegar a la meta, reportan sentimientos de euforia y aumento en autoestima. Investigadores han encontrado que las mujeres que experimentan un parto natural, describen sentimientos similares de exaltación y autoestima. Estos sentimientos de logro, confianza y fortaleza tienen el potencial de transformar la vida de las mujeres.
En muchas culturas, el corredor que termina una larga y difícil carrera es admirado, pero no se reconoce el hecho de que la mujer en trabajo de parto, pueda sentirse igual. No queremos que nos digan “que bien te portaste” sino que respeten y admiren los sentimientos de euforia y gozo que corresponden.

“Todas las mujeres son capaces de parir pero no todas logran gozar el parto...”
Dr. Manuel Dosal de la Vega

El dolor en el parto es un dolor con un propósito… con un premio. En un curso psicoprofiláctico (de preparación para el parto y la maternidad), se descubren técnicas de relajación, estrategias para centrarse en actividades positivas, se practican posiciones para utilizar durante el parto, se reflexiona sobre la forma en que se manifiestan las señales y se utiliza mejor la fuerza para empujar al bebé y un tema imprescindible es el valor del dolor en el parto como un elemento positivo que nos revela que el parto va progresando o que algo anda mal y descubrir desde la experiencia misma si quiero o no y si deseo no vivir el parto de esta manera. 

El curso ayuda a las mujeres a encontrar la forma de enfrentar los retos del parto con confianza y descubrir su fortaleza en el acto de parir y a la pareja y papá del bebé por nacer, le permite comprender el evento y acompañarlos con amor. La fuerza del amor es un antídoto para el dolor.
Así mismo la mujer que teme a los efectos de medicamentos y anestesia, tiene derecho a elegir NO utilizarlos. Pero además derecho a ser respetada en su decisión y que médicos y enfermeras la apoyen con los medios que ella elija para trabajar con su dolor de la manera como ella lo pueda manejar. 
El dolor durante las contracciones (cuando se aprieta el útero), puede ser intenso y desesperante, si se la obliga a permanecer acostada en una cama. El cuerpo de la mujer ha sido diseñado para parir y cuando el entorno es adecuado – libertad, respeto y privacidad – elige de manera instintiva, las posturas, movimientos y expresiones con que siente alivio del dolor. 

¡El parto puede doler, pero tú eliges no sufrir…!

Hay gran diferencia entre dolor y el sufrimiento. Las mujeres que hemos parido de forma natural sabemos que sí existe una diferencia. Si bien el dolor es una condición ineludible del parto que tiene sus bases fisiológicas y sus causas físicas, cada mujer reacciona ante el dolor de manera diferente, por tal motivo no todas las mujeres responden y reaccionan al dolor de la misma forma. Esto depende de las experiencias previas con el dolor, del condicionamiento cultural, de estrategias de control con que llegue al parto y del apoyo y respeto que reciba de quienes la acompañan en esta experiencia única e irrepetible. En efecto, cada parto es único y no se repetirá jamás. 
A diferencia del dolor, el sufrimiento es algo más profundo, es el resultado de que no se nos tenga respeto, de que no se nos escuche y que no se tomen en cuenta nuestras necesidades y se cuestionen nuestros deseos.

"Se puede tener mucho dolor y no estar sufriendo, pero también
se puede estar sufriendo y prácticamente no sentir dolor…"
Kathy Mc Grath
    
Todas las mujeres tenemos derecho a dar a luz confiadas en nuestra habilidad, libres de encontrar confort en una variedad de formas, apoyadas por el ser amado, la familia y contando con la asistencia respetuosa del personal de salud que asiste el parto, porque estamos viviendo uno de los eventos más importantes en la vida… ¡el nacimiento de un hijo!

“El parto no termina cuando termina el parto… porque es una experiencia que queda grabada en la memoria. Es por eso importante que sea recordado como un día memorable... No le tengas miedo al dolor, porque tú eres más fuerte de lo que piensas y tu cuerpo sabrá cómo resolver las sensaciones propias del trabajo y esfuerzo.  Acompáñate por la persona que tú decidas y te ame… que bien seria
 tu pareja y padre de tu hijo.”
Guadalupe Trueba

Para papá que lee este artículo puede serle de utilidad saber que el amor es más fuerte que el dolor. Que su presencia y apoyo incondicional será la mejor ayuda que pueda ofrecer a su mujer y madre de su hijo… Permanece con ella en todo momento y observa y escucha señales de su cuerpo para ofrecer las caricias o el masaje que alivie y aliente a seguir adelante. Recuérdale que moverse, mecerse y balancear su cadera será de mucho alivio. Ayúdala a concentrarse en su respiración… anímala con cada contracción... No temas… sabrás exactamente lo que tienes que hacer si permaneces a su lado dispuesto a hacerlo con mucho amor y absoluto respeto a lo que ella desee y decida durante de esta experiencia. 
Te sentirás el papá más orgulloso del mundo al apoyar a tu mujer y tu hijo en la experiencia más importante de su existencia humana.

¿Necesitamos ir a un curso para que nos enseñen a parir?

Por Mercedes Campiglia

Pareciera que de un tiempo a acá las mujeres en las grandes ciudades nos hemos olvidado de cómo traer hijos a este mundo y tenemos que prácticamente certificarnos en cursos de preparación para el parto antes de sentirnos listas para enfrentar el nacimiento, que por otra parte, no es más que un evento fisiológico que simplemente ocurre en nuestro cuerpo. ¿Qué pasa entonces? ¿Son los cursos de preparación para el parto necesarios o se trata de una suerte de “moda” sin mayor sentido; uno más de los millones de productos que nos venden cuando vamos a convertirnos en padres aprovechándose de la inseguridad que este hecho nos genera?

Si observamos la historia de la humanidad, los cursos de preparación para el parto son ciertamente algo nuevo; ¿cómo hacían entonces las mujeres para parir cuando no existían las educadoras perinatales ni las instructoras de psicoprofiláctico o Hypnobirthing? ¿Cómo hacen hoy las que viven en los campos o en los montes? Históricamente las mujeres hemos aprendido a parir acompañando a otras en la experiencia de sus partos. Asistiéndonos unas a las otras nos hemos enseñado. Nos transmitimos de forma natural y espontánea los saberes acerca del parto, sus sonidos, sus olores, sus tiempos y sus pausas. Tras acompañar a otra a parir, la primeriza llegaba a su parto consciente del reto que tenía enfrente y armada de recursos para afrontarlo. Cuando hace sólo algunos años en la historia de la humanidad, se desplazaron masivamente los partos de las casas a los hospitales, quedó exiliado el nacimiento de la vidas cotidiana de las grandes ciudades y se convirtió en un misterio del que parecieran sólo saber los profesionales especializados en el tema.

Así pues, lo más frecuente hoy en día es que el primer parto al que asistamos sea al nuestro; y llegamos las más de las veces aterradas. Se habla poco de los nacimientos y lo que se cuenta, con frecuencia, son historias de terror capaces de quitarle a la futura madre el sueño por semanas. Sabemos poco y sabemos mal. Con la creciente medicalización en la atención de los nacimientos, nuestro imaginario en torno al parto está poblado de batas azules, cubre-bocas, equipo especializado que desconocemos, sueros, quirófanos y personal corriendo en los pasillos de los hospitales como si volverse madre fuera una especie de emergencia. Llegamos al parto encendiendo veladoras a la Virgen y suplicando sobrevivir a la experiencia.

Entonces, si bien no es requisito para nadie tomar un curso de preparación para el parto, el simple hecho de acercarse a otras mujeres que han recorrido este camino y compartir historias que no necesariamente son aterradoras ayuda, al menos, a desintoxicarse. Permite visibilizar la desinformación que no hace más que asustarnos y pone a dialogar las imágenes e historias de partos maravillosos con todas esas otras capaces de competir con las del mejor thriller del momento.

El curso de preparación para el parto es, esencialmente, un espacio de diálogo y transmisión de saberes entre mujeres. No es otra cosa que una modalidad moderna del encuentro ancestral entre pares que han de transitar por una misma experiencia. No es el único espacio posible de encuentro, por supuesto, pero es una alternativa que parece funcional en sociedades llenas de ocupaciones en las que los espacios para la colectividad son cada vez más reducidos.

¿Y cómo elegir un sitio adecuado para prepararse si se ha decidido hacerlo? Evidentemente en éste, como en cualquier otro ámbito, hay de cursos a cursos. Así como existen los que están diseñados para tranquilizarnos y ayudarnos a recuperar la confianza en nuestro cuerpo, al que pareciera que arrastramos por esta vida como si fuese una carcaza, los hay también que están simplemente pensados para reproducir el modelo de atención medicalizada en el que se invita a la mujer a entregarse en manos del equipo médico sin chistar. Si decidimos tomar un taller de preparación para el parto tenemos que elegir con cuidado.

Un curso que pretende enseñarnos a parir, es decir, que se suma a la tendencia de robarle a la mujer el protagonismo de la experiencia y pretende imponernos modos correctos de respirar, de pujar, de moverse… es un curso que, de entrada, debería generarnos cierta desconfianza. Recientemente recibí la llamada de una mujer que quería que la acompañara en su segundo nacimiento porque no estaba satisfecha con los servicios que le había dado su doula en el primero. Al hablar conmigo se quejó de que en el momento del pujo la doula se había negado a enseñarle cómo debía hacerlo y que se había limitado a decirle que escuchara su cuerpo. Desde ese momento supe que yo no era la doula que ella estaba buscando.

No necesitamos que nos enseñen a parir, nuestro cuerpo sabe hacerlo, pero ayuda que nos expliquen cómo es que funciona este proceso y de qué manera podemos colaborar activamente para facilitarlo. Es útil reconocer adentro nuestro a la pelvis, el periné, la oxitocina, el cuello uterino… y entender qué papel jugarán en el nacimiento. Acercarse al cuerpo, reapropiarse de sus rincones y fascinarse con todas sus capacidades y potencialidades nos prepara para el parto. Nos sirve, aunque parezca secundario, que nos recuerden que sabemos parir pese a que el mundo entero nos diga lo contrario. Cuando estamos embarazadas necesitamos que nos cuenten cómo es este viaje que emprenderemos y que nos ayuden a trazar un mapa que nos permita orientarnos. Un curso de preparación para el parto debe hacernos sentir poderosas y capaces de tomar decisiones. No vamos allí para que nos digan dónde y con quién parir a nuestros hijos sino para que nos orienten para hacer las preguntas pertinentes a los médicos, las parteras, los hospitales, las maternidades que nos asistan.

Hoy en día, tristemente, la inmensa mayoría de estos cursos están orientados a mujeres capaces de pagarlos, es decir, a una microscópica porción de la población. El verdadero reto consiste en hacer que este tipo de espacios de encuentro en los que se construyen y transmiten los saberes de las mujeres estén abiertos para todas. Porque no, no necesitamos que nos enseñen a parir, pero sí necesitamos saber del parto, saber de nuestro cuerpo y saber de los estudios que se hacen alrededor del mundo y que determinan cuáles son los modelos de atención que resultan más benéficos para madres y recién nacidos de modo que tengamos los elementos necesarios para tomar con confianza el timón del barco y emprender el viaje. 

Suéltalo!!!

Por Mercedes Campiglia

El embarazo y el parto son grandes maestros, a pesar de que intentemos resistirnos con uñas y dientes al mensaje que nos ponen frente a la mirada. Su irrupción en nuestra vida nos obliga a asumir que existen eventos en los que no poseemos el control; esa sola idea puede resultar aterradora en un mundo en el que se nos enseña que aquel que triunfa es quien “toma las riendas de su destino”. El surgimiento de la vida nos confronta con la verdad que tratamos siempre de barrer bajo la alfombra… no tenemos la sartén por el mango aunque nos esforcemos en hacerle creer eso a quienes nos rodean y tratemos de creerlo nosotros mismos para apaciguar a nuestra perturbada conciencia.

 

El embarazo

El embarazo, no sólo llega cuando se le da la gana, sino que de hecho, se produce cuando soltamos la fantasía de control. Es increíble la cantidad de casos documentados de parejas que han buscado embarazarse sin éxito recurriendo incluso a la ayuda de la medicina, hasta que llega el momento en que se dan por vencidas y adoptan un niño o renuncian directamente a la paternidad. Es justo en ese momento que el embarazo se produce y los sorprende… cuando han soltado la fantasía de control. El embarazo sorprende siempre; su naturaleza misma está en el orden de lo inesperado; si tratáramos de agendarlo, se revela y nos confronta con el límite de nuestra capacidad de controlar.

 

El parto

Lo que ocurre con el parto es básicamente lo mismo, inicia cuando el organismo del bebé decide que es momento de nacer y hay en verdad pocas cosas que pueda hacer una madre para revertir este hecho; salvo programar una cesárea o una inducción… claro está. El punto es que el momento en que el nacimiento ocurrirá, si aspiramos a tener un parto natural, no es algo programable.  

Una vez que el barco ha zarpado y el trabajo de parto inicia, la labor de la mujer que está pariendo, contrario a lo que pudiera pensarse, no es tomar el timón de la nave sino abandonarse al oleaje de las contracciones y el vaivén de su cuerpo. Dejarse llevar por las aguas del nacimiento, esperando ver a qué destino la conducen. El parto no se rige por el control, aunque paradójicamente está por completo a cargo de la mujer. Se trata de un evento que ocurre en su cuerpo y del cual ella forma parte; así como el desarrollo del bebé tiene todo que ver con la mamá pero no está en absoluto relacionado con un acto de control, el trabajo de parto prospera si la mujer es capaz de entregarse y soltar. 

Hay pocas cosas más difíciles de conseguir que soltar el control cuando hemos sido condicionados para hacer exactamente lo contrario, cuando buscamos seguridad intentando tomar el control de las situaciones, de las relaciones, del destino. Quizá es por eso que el embarazo y el parto son maestros tan poderosos, porque nos enseñan una verdad que transforma por completo nuestra percepción de la vida; tenemos que aprender a soltar. Y quizá por eso también es que a muchas de las mujeres, hoy en día, les resulta complejo embarazarse y parir. Y lo más maravilloso del asunto es que cuando dejamos de forcejear y nos entregamos a la experiencia, descubrimos la joya oculta en ella, el verdadero poder que habitaba en lo más profundo de nuestro ser sin que siquiera sospecháramos su existencia.

Creo que no voy a poder

Captura de pantalla 2016-03-11 a las 9.58.08 a.m..png

Por Mercedes Campiglia

Tengo que escribir con urgencia este texto porque me quema en los dedos la necesidad de compartir la experiencia de un parto muy reciente… El nacimiento del que voy a contarles no es más que un pretexto para abordar un tema del que quiero hablar hace tiempo. ¿Qué es lo que se debe “lograr” en un parto? ¿Qué es un éxito y qué un fracaso? 

La historia de este parto entró, desde mi perspectiva, en la categoría de éxito rotundo. Un equipo de médicos impresionantes que trabajó en armonía con los padres, las enfermeras y conmigo, la doula, durante 17 horas. Una mujer segura y valiente, un padre dispuesto a volcarse por completo en la tarea de acompañarla, un equipo sensible que supo “entonar” con la frecuencia de esa madre y un bebé rosado y hermoso que se quedó en sus brazos... Me fui esa noche a casa con el corazón satisfecho. 

El plan original para este nacimiento era tener un parto en al que la mujer pudiera decidir lo que quería y los demás estuviéramos preparados para proveerlo, y eso fue exactamente lo que sucedió. Después un largo rato de contracciones muy intensas y cuando el bebé estaba a punto de nacer, ella pidió un bloqueo. Ya ni los masajes, ni las caricias, ni la música, ni la aromaterapia, ni los rebozos, ni el agua caliente de la tina, ni la noticia de que estaba por nacer su bebé, ni siquiera el contacto de sus dedos en la cabeza que asomaba podían conformarla. Cuando dijo que si no le ponían anestesia no iba a poder pujar, su médico la hizo salir de la tina y le aplicó el bloqueo en un banquito de parto para hacerlo de la forma en que fuera menos molesto para ella. Una vez con la anestesia, como había prometido, se puso a pujar con todo y a los 10 minutos nació su hijo… perfecto y hermoso, que fue colocado de inmediato en su pecho.

Cuando la llamé al día siguiente para ver cómo se sentía su respuesta fue “me quedé con las ganas de un parto en agua, me gustaría haberlo logrado”. Creo que en ese preciso instante vinieron a mi memoria una catarata de escenas similares en las que me había quedado una sensación extraña de vacío. Vinieron a mi recuerdo mujeres con partos maravillosos que se dirigían al quirófano con ojos llorosos porque la frecuencia cardiaca de sus bebés se había alterado, mujeres que se sentían fracasadas por haber pedido un bloqueo, mujeres que de una u otra forma sintieron que habían fallado… No puedo negar que cuando esto ocurre, yo siento que algo falló en mí también. ¿Qué es entonces lo que hay que lograr en el parto? ¿Qué hay que demostrar? ¿A quién?

Después de haber acompañado algunos nacimientos, ésta es mi mirada… El parto no es una carrera en la que el objetivo es llegar a la meta, se parece más bien a un bufet maravilloso, lleno de cosas buenas. En el parto paladeamos sabores nuevos y extraordinarios; el de nuestra fuerza interior que hasta entonces nos era desconocida, el del amor incondicional de los que nos acompañan y lloran con nuestro llanto, el de la fuerza de la vida que se abre paso y el de la maternidad que se despliega como las alas de una mariposa que sale de su capullo… Paladeamos la extraña combinación entre el más intenso de los dolores y la más concentrada de las alegrías. El parto es en verdad maravilloso, tanto que hay quienes hemos quedado completamente embriagados por su elixir y no podemos más que vivir sumergidos en él. Salir de esta mesa tan ricamente servida, lamentando que no hubiera cacahuates me parece una tristeza. Y ahí es donde siento que está mi falla…

Estoy enamorada del nacimiento y cada vez que una mujer siente que lo que la hace exitosa o fracasada tiene que ver con lograr un parto sin anestesia, o en el agua o en la casa, siento que algo falló en mi capacidad para transmitir lo verdaderamente importante… así que este texto es un nuevo intento; espero que llegue a oídos dispuestos a escucharlo. 

Parir es abandonarse en las aguas de un océano grande y poderoso que nos trasciende, y una vez pasada la marea, sentarse a contemplar a dónde nos ha llevado su oleaje. El parto está fuera de todo intento de control y domesticación, es un acto único y arrollador, una oportunidad de mirar el mundo con ojos nuevos.  La mujer necesita un entorno contenido, seguro, amoroso y digno que le permita entregarse con confianza al oleaje de su vientre. ¿Qué habría entonces que lograr? Entregarse simplemente lo es todo.

En mi balance no es más exitoso un parto sin bloqueo que uno en el que la madre fue anestesiada. No es más exitosa la mujer que tuvo un parto en agua que la que enfrentó una cesárea. Qué se lleva uno del parto es lo importante. Yo me quedo con todas las horas en que hemos trabajado juntos al ritmo de sus vientres, con las risas y los llantos compartidos. Con el apoyo incondicional de los hombres capaces de hacer literalmente cualquier cosa, desde dar un beso en el momento preciso hasta arreglar las tuberías de un hospital entero, para que sus mujeres se sientan amadas. Me quedo con los buenos médicos que sujetan la mano de las mujeres cuando se sienten perdidas, que les dicen las palabras precisas que hacen que los nacimientos avancen. Me quedo con sus cabezas sumergidas en mis rebozos, con el balanceo, con el canto y las habitaciones embriagadas de olor a mandarina y vida. Me quedo con el llanto de los esposos cuando reciben a su hijo en brazos, con su asombro al cortar los cordones. Me quedo con la mirada atenta de los niños en los pechos de sus madres, con el carácter único e irrepetible de ese primer encuentro en el que los padres miran a su bebé para reconocerlo, sus brazos, sus piernas, sus dedos. Me quedo con la felicidad de las familias que desfilan por las salas de espera y las habitaciones de los hospitales haciendo del nacimiento una fiesta. Me quedo con todo!!! En mi balance, todo nacimiento respetado es un éxito.

La visión de un médico sobre la corriente humanizada del parto

Por Guadalupe Trueba

Desconocía muchas de las razones por las que hay una resistencia tan fuerte al cambio… al cambio de una atención convencional y plagada de intervenciones durante el parto –que le da el carácter de evento medicalizado– por una atención libre de medicación que considerara la importancia del silencio, de la privacidad, de la libertad para elegir posiciones y para expresar sensaciones, del acompañamiento de la pareja y la doula, del reconocimiento del valor de las hormonas durante el parto e inclusive del propósito del dolor en el mismo. 
Entiendo perfectamente el enojo de muchos médicos cuando se habla de “parto humanizado” como si se diera por sentado que lo que hacen quienes adoptan otros modelos de atención del parto fuera inhumano!!! Cada cual que supone que lo que ha aprendieron es lo mejor… los médicos que atienden el parto de forma convencional no hacen otra cosa que aplicar aquello que se les enseñó, así lo han practicado por muchos años y ejercen su profesión convencidos de estar haciendo lo correcto!!!

“Ambos –el modelo basado en la obstetricia y el modelo basado en la fisiología– son seguros…”  dicen quienes atienden los nacimientos basándose en una óptica medicalizada del parto. Cuesta mucho trabajo abandonar lo conocido para aventurarse a lo nuevo. 

Los clientes se cambian de consultorio cuando no encuentran lo que desean. La mujer actual está pidiendo más… quiere un nacimiento natural  en el que ella elija cómo, dónde y de qué forma desea parir… llamémosle “sus propósitos”… “sus planes”… “sus deseos”… Y ¿a dónde se va a dirigir? ¿qué consultorio médico va a abordar?

¿Y qué me comentó un amigo médico al respecto? “El parto no medicado ni intervenido hace sentir al ginecólogo y al pediatra que no tiene nada que hacer. Luego entonces ¿cómo van a cobrar si no hacen nada? Cómo crees que me sentiré si me quitas todo el control y las intervenciones que han sido parte de mi práctica médica”.
Pero el médico que aparentemente no hace nada, hace mucho más de lo que piensa…  ha vigilado y ha contribuido a la salud de ese embarazo y además está presente en el parto, vigilando que todo curse con normalidad y aporta su experiencia interviniendo si algo se desvía de lo esperado. Si esto así de claro lo indicara en las consultas prenatales, la mujer podría entender el valor de su trabajo.
“Para mí fue difícil iniciar, fue volver a aprender y aún más difícil, desaprender lo aprendido. Tenía miedo de que las cosas no salieran bien. Fue poco a poco... primero la luz, la música, retirar el vendaje, luego no canalizar, no hacer episiotomía, dejar la monitorización continua, no hacer revisión de cavidad y lo más duro… soportar la crítica de mis colegas. Fue una lucha entre lo aprendido con sus "justificaciones" y la nueva información que estaba obteniendo. Obviamente los buenos resultados me conducían a mayores "atrevimientos".
“Otros obstáculos para mí eran las pocas herramientas con las que contaba para dar confort a la paciente en un trabajo de parto sin analgesia y la poca información que con frecuencia tiene la paciente para comprender por qué haces lo que haces.  Si la paciente no sabe de los beneficios de evitar una epidural, te vas a convertir en un proveedor de salud malo y cruel (esto es lo que escuché decir a una de las enfermeras sobre el actuar de un médico del hospital en el que trabajo). Mi apreciación es que “LA PACIENTE DEBE ESTAR INFOMADA DE LOS BENEFICIOS PARA PODER EXIGIRLOS”  
Comentaba también que los partos “humanizados” son muy desgastantes, que él como médico “douleaba” y “parteaba” a un mismo tiempo ya que en el sitio en el que residía no había doulas y “si la paciente no sabe que existen las doulas y no sabe el beneficio que obtiene con su presencia y apoyo, no va a querer contratar una”. 

Lo que este médico comenta me parece digno de tomarse en cuenta… muestra al menos una de las múltiples razones en las que se basa la resistencia al cambio.

La preparación para el parto, da a la pareja la oportunidad de entender el proceso, descubrir la forma en que desea dar a luz y desde la información basada en evidencia, decidir lo que mejor le convenga… De ahí viene la búsqueda del sitio en el que desea parir y el profesional de salud que quiere tener a su lado.

Las opciones de parto hoy son muchas… ayuda a tu médico a saber que entiendes que si no hace nada, no es que no te quiera ayudar, sino que está respetando la fisiología del parto y desea el mayor bienestar para ti y tu bebé…. Invítalo a conocer tus deseos y metas, a ser tu “cómplice” en un nacimiento íntimo y satisfactorio.

Guadalupe Trueba

"Quiero aprender a respirar para el parto"

Es algo que escuchamos con frecuencia en las embarazadas cuando piden informes del curso de preparación al parto… 

Hay muchos conceptos que aclarar en cuanto a la respiración, su objetivo y el impacto que tiene en las emociones. Es interesante entender con claridad y simpleza, la fisiología de la respiración y cómo las modas –como sería la de las respiraciones para el parto– pueden ir en contra de la fisiología. 

“Si tuviéramos que aprender a respirar… ya estaríamos bien muertas”.

La respiración puede ser un aliado para vivir mejor… para permanecer saludable. En las sesiones del curso para el parto se muestran estrategias que faciliten la vida… la vida de la embarazada!!!

Una propuesta distinta a considerar en cuanto a las respiraciones para el parto:

  1. La respiración es una función involuntaria, sobre la que tenemos voluntad… Es decir, que si bien no podemos dejar de respirar (día y noche) sí podemos alterar voluntariamente la amplitud, ritmo, dirección, ruido y gesto con que lo hacemos. Ejemplo… se puede jugar con la respiración haciendo una pausa antes de inspirar o espirar, prolongar voluntariamente el tiempo –acortarla o alargarla – acompañarla de ruidos y quejidos, e inclusive detenerla por varios segundos. 
  2. La respiración fisiológica se ajusta naturalmente en amplitud, ritmo, dirección, ruido y gesto en función a la posición, cantidad de esfuerzo o fatiga, dolor, incomodidad y por supuesto, en función de la carga emocional. Ejemplo… un buen susto nos puede cortar de momento la respiración.
  3. La espiración es el momento de mayor relajación, por lo que se puede aprovechar esta ventaja y aumentar las respiraciones de la “familia de los suspiros”, como bostezos, ruidos, gruñidos, quejidos y demás formas de espirar que nos hacen sentir “que descargamos”.
  4. Vocalizar ayuda a potenciar el esfuerzo. Ejemplo… los ruidos en la espiración son naturales en el deportista al momento de realizar un gran esfuerzo.
  5. Sacar aire por boca con mandíbulas relajadas es interesante para el parto porque relaja el periné. 
  6. La respiración puede bloquearse muy fácilmente ya que tiene un componente emocional. Las pausas (detenerse brevemente al inspirar y espirar) son fisiológicas y en cambio las apenas (detener o sostener el aire), son hábitos adquiridos y no son naturales. 
  7. Los sonidos al espirar son bienvenidos y son pequeñas vibraciones en las cuerdas vocales que nos permiten centrarse, sentirse, abandonarse.

Prácticas que facilitan la conciencia en la respiración:

  1. Alarga la salida del aire como si quisieras empañar un vidrio.
  2. Espira como si desearas inclinar la flama de una vela sin la intensión de apagarla.
  3. Observa la respiración cuando cargas algo o empujas un objeto pesado.
  4. Explora la respiración cuando quieres dejar de pensar en algo que te perturba y/o produce angustia.
  5. Pon música de tu agrado y disfruta moviéndote libremente en todas direcciones y al parar de bailar, siente como se ajusta tu respiración.
  6. Cierra los ojos para concentrarte y al espirar dejar que la lengua ocupe el espacio que necesita para acomodarse.
  7. Amplía la respiración y percibe con claridad el sitio en el que la sientes.
  8. Al toser y/o estornudar, percibe lo que ocurre con tu respiración.
  9. Siente cuando haces el amor, las formas tan distintas en las que respiras.
  10. Realiza conscientemente suspiros, bostezos, ruidos, gemidos, soplidos, gruñidos…todo cuanto alargue la espiración. 

No hay respiración buena o mala… se fluye con la respiración desde la conciencia de su valor… No hay que enseñar a manejarla, o regirla, o ponerle nombres y mucho menos indicar un tiempo determinado para “practicarla”.

La única práctica recomendada, es “conocer la propia respiración”, honrarla y tenerla como aliada. En momentos en que pienses “no puedo respirar”, cierra los ojos, suspira y poco a poco entrégate a lo que de forma natural tu cuerpo te pide.

La risa abre los esfínteres, así como también lo hace el canto. Es interesante notar que el grito agudo de auxilio, de miedo, de sufrimiento, hace lo contrario.  

Respirar bien para mantener la calidad del parto, es respirar con la conciencia de que tus sensaciones te irán guiando. Las necesidades de cada mujer dando a luz son únicas; “los sonidos propios del parto”, los sonidos espontáneos que su cuerpo produzca establecerán lo que llamaremos “respiraciones del parto”

Para finalizar, comparto extractos del libro “L´art du shuffle” de Frédérick Leboyer.

…. El trabajo ha empezado…
Se ha levantado la tempestad,
Llega una contracción, una ola,
Le seguirá otra y todavía una más.
Llevo la atención a las sensaciones.
No puedo ignorar la contracción, la tempestad.
Tú quieres saber “todo” de ella, saber su secreto,
Sondear el abismo, ver, conocer el fondo.

… Así pues,
En lugar de dar la espalda a la contracción,
En lugar de huir,
Igual que una caricia… tú la sigues, la sientes.
Cuando llega la ola,
Te zambulles en ella,
Te dejas llevar… sin resistencia,
   
Sigues inspirando,
Mientras la ola va pasando y tu vientre se va aflojando…
Espirar, vaciarse, en lugar de coger el aire…..

Abrirse, ofrecerse,
En lugar de bloquear, que significa luchar, hacer fuerza, esforzarse, cerrarse….

Dejarse ir…. o más bien …. ir con,
Entrar en movimiento, seguir un ritmo,
Dejarse llevar dentro de la ola.

… Tú conoces ahora el secreto:

Una espiración que viene del vientre,
Larga, lenta, igual y dulce
Pero sostenida,

Al final de esta espiración,
Te encuentras vacía.
Este vacío, en lugar de alejarlo, lo aceptas, lo exploras, lo pruebas, lo saboreas, para sentir como de él, nace una nueva inspiración, larga, lenta, potente que surge de ella misma, 
y que es la respuesta, la “recompensa” de la espiración que le ha precedido.

Tú has aprendido, has conocido este otro secreto… la paciencia.
Tú sabrás esperar.
Esperar sin enfado, sin apretarte,
Y mantenerte sin miedo,
Con serena calma… vacía.”


Referencias

Notas del Taller “Anatomía y Preparación al Parto” 

Método Nuria Vives

www.nuriavivesanatomía.com

 

“Ina May’s Guide to Childbirth”

Ina May Gaskin

Edit. Bantam

 

“El Dolor del Parto”

Verena Shmid

Edit. Obstare

 

“La Respiración”

Blandine Calais-Germain

Edit. La Liebre de Marzo

 

Ahora le llaman apego al amor

Por Mercedes Campiglia

 

El gran descubrimiento de la segunda mitad del siglo XX fue comprobar que los bebés necesitaban a su madre. Ahora la labor importante es hacerlo creer a las madres!!

Michel Odent

No hay en realidad nada extraño en el hecho de que un bebé necesite estar en brazos de su madre al nacer. Se trata de un fenómeno completamente instintivo y natural: La madre es quien puede proveerle todo lo que necesita. 

Los estudios médicos recientes demuestran que durante el contacto piel a piel en el pecho de la madre, especialmente en el periodo sensible (las primeras horas de vida del recién nacido), ocurren importantes fenómenos: 

•    El organismo del bebé es colonizado por las bacterias de la madre, para las cuales tiene un sistema inmunológico desarrollado

•    El establecimiento de la lactancia se facilita gracias al estado de alerta del recién nacido

•    La temperatura del bebé se regula mejor incluso que en una cama térmica

•    El bebe regula más rápido sus niveles de azúcar y la frecuencia respiratoria

La mirada atenta del bebé busca los ojos de su madre al nacer y cuando los encuentra, se detiene el tiempo y se produce un lazo profundo entre quienes compartieron el viaje hacia la vida y finalmente se reconocen uno al otro… a eso se le llama apego inmediato. Las experiencias difíciles acercan nuestros corazones y afianzan los vínculos con aquellos que fueron nuestros compañeros en el trayecto… cualquiera puede dar fe de ello. En el encuentro entre madre e hijo tras el parto, además de ello, intervienen las hormonas. Gracias al trabajo de parto, el cuerpo de la mujer genera una enorme cantidad de oxitocina, endorfinas y prolactina. Esta “tormenta de hormonas”, como la llama el Dr. Florencio Medina, se encuentran en el torrente sanguíneo de madre e hijo afectando sus emociones y produciendo un estado particular de alerta en su conciencia que ayuda a que el lazo afectivo entre ellos se establezca.

Cada vez se asocian más beneficios con el apego inmediato: 

  • Favorece los lazos afectivos entre madre e hijo
  • Prolonga el periodo de amamantamiento
  • Mejora el desarrollo psicomotor del bebé
  • Le ayuda a establecer una buena socialización y a tener elevada autoestima 

Las primeras horas de vida, el bebé necesita estar en brazos de su mamá y la mamá necesita enamorarse de su bebé; es importante que el entorno respete este periodo de encuentro, ya que impactará en la naturaleza del vínculo temprano de madre e hijo. Pesar, medir, limpiar… no resulta urgente, por lo que no son razón suficiente para que mamá y bebé sean separados.

“La masificación de los servicios de salud lleva a la despersonalización de la atención”, dice el Dr. Medina, “debemos regresar a los orígenes (…) nos tachan de retrógradas por afirmarlo, dicen que queremos dar a luz como en la época de las cavernas. El hecho es que el apego precoz promueve el desarrollo de la inteligencia emocional”

EL BEBÉ

Un recién nacido que ha establecido un apego normal está atento, se calma en los brazos de su madre y se alimenta sin conflicto, mientras que aquel que tuvo problemas para establecer el apego se muestra irritable, no se calma en brazos de su madre ni logra regular patrones de alimentación… su succión es pobre y descoordinada.

LA MAMÁ

El apego también se refleja en la actitud de la madre. Una madre con apego normal se siente más satisfecha con la maternidad y es más eficiente para manejar la incomodidad y la demanda de su hijo que aquella que presenta alguna clase de disfunción en el apego. Cuando el apego no se ha establecido la madre está angustiada, temerosa y no logra identificar las necesidades de su bebé. 

En síntesis, cuando madre e hijo no establecen un apego saludable, les cuesta más trabajo entenderse y la difícil tarea de la crianza temprana que regularmente es suavizada por el franco enamoramiento, se vuelve árida. Es importante, sin embargo, evitar la dramatización entorno a este aspecto. Cuando no es posible que madre e hijo permanezcan juntos después del nacimiento, lo recomendable es establecer el apego lo antes posible, poniendo al bebé piel a piel en el pecho de su madre. No existe camino sin retorno ni daño imposible de reparar, pero ello no debe aparecer como justificación para desestimar la importancia del delicado momento en el que los ojos del bebé fijan su mirada en esos otros de quien, a partir de ese momento, se convierte en su madre.

Bibliografía

Dr. Florencio Medina Gómez, Ponencia “Apego inmediato” en el 2do Foro Integración de prácticas favorables para el nacimiento humanizado

¿Será una Depresión Posparto?

Por Mercedes Campiglia

será una dpp?

Cuando un bebé ha nacido es común que los afortunados padres tengan impaciencia por arrancar en casa con la nueva vida que les espera, ansiosos por estrenar la cuna, la carreola, la tina de baño y los cientos de chucherías que han preparado para recibir a su pimpollo. Lo cierto es que la realidad que les aguarda dista mucho de sus sueños acaramelados de tardes apacibles en las que deleitarse con la sonrisa del pequeño. Los bebés chiquitos representan un verdadero reto. Habitualmente duerman menos de lo que nos contaron, tarden más en comer de lo que habríamos deseado y necesiten ser cambiados más veces de las que jamás hubiéramos podido imaginar… Es en verdad increíble la cantidad de formas en las que un bebé puede ensuciar una muda de ropa. 

Así pues, aunque estos padres hayan buscado el embarazo, aunque se hayan derretido de amor al escuchar por primera vez los latidos de su minúsculo hijo adentro de la panza, aunque hayan esperado con ansias el momento del parto, pueden sentirse frente a la realidad de la paternidad, francamente abrumados. Y entonces, entre ataques de llanto repentinos o crisis nerviosas enigmáticamente desencadenadas ante un pañal desbordado, surge el fantasma de la depresión postparto (DPP). 

El termino “depresión postparto” ha sido tan llevado y traído que pareciera formar parte del camino a la maternidad. Lo escuchamos en programas de radio, lo leemos en revistas, lo comentamos en los cafés con las amigas. No resulta entonces extraño que las mujeres se enfunden rápidamente en la categoría en cuanto las sensaciones que les genera su maternidad flamante no respondan a lo que ellas hubieran esperado. Yo, personalmente, considero que hay que tener sumo cuidado al aplicar esta etiqueta a la realidad turbulenta y confusa de las madres que se enfrentan a la crianza de un bebé pequeño. La cualidad de patología que se le imprime al padecimiento, tiene un tufo a cuestión fisiológica que resulta paralizante. Ante una DPP se esperaría que la madre se pusiera enteramente en manos de un especialista que se encargara de compensar su desequilibrio hormonal y psíquico. Debe quedar claro, antes de seguir adelante con esta reflexión, que no pretendo negar en absoluto la existencia de este cuadro específico, pero como sucede con muchas de las patologías de nuestro tiempo, considero que está sobrediagnosticado. Y ante las etiquetas, defiendo el derecho a la tristeza, a la confusión, al cansancio, al desconcierto… que son temas de los que podemos hacernos cargo.

En mi experiencia, antes de diagnosticar o autodiagnosticarse una DPP, vale la pena intentar una serie de estrategias que en la inmensa mayoría de los casos, permiten retomar las riendas y volver a reír más de lo que se llora. Habitualmente los sujetos podemos hacernos cargo de nuestras emociones y ajustarnos a las transformaciones que la realidad nos plantea si miramos analíticamente la situación y ajustamos un par de piezas. Así que les dejo una serie de recursos concretos que en mi experiencia acompañando a mujeres en el camino de volverse madres, han dado excelente resultado:

será una dpp2
  • -    El primer punto a considerar es la necesidad de acompañarse. En nuestra cultura se nos ha hecho creer que hacer familia es una cuestión privada. Se invita a los padres que esperan un hijo a procurar una especie de aislamiento que, en mi experiencia, termina resultando contraproducente. Para adaptarse a la nueva condición de vida que representa la llegada de un hijo, quizá necesiten un poco de ayuda. Pueden ser un bálsamo indescriptible la cercanía con la familia, los amigos, algunos grupos de padres... La crianza suele ser mucho más sencilla y gozosa en colectivo, contrario a lo que podríamos pensar en el entorno individualista de nuestras sociedades. 
  • -    Buscar ayuda con las tareas de la casa es importante. Un par de días en que alguien más cocine, baje un poco el cerro de ropa sucia y pongan cierto orden en el caos pueden marcar una gran diferencia. No necesariamente podemos contratar una persona que se encargue de estas tareas pero, nuevamente, podemos aprovechar la ayuda que nos ofrecen los que nos rodean. 
  • -    Hay que evitar, a toda costa, quedarse encerrados. Por alguna razón nos hemos hecho a la idea de que si tenemos un bebé pequeño debemos permanecer encerrados en casa una cuarentena completa. Habrá para quienes esta práctica resulte gozosa, pero en la mayoría de los casos representa un verdadero padecimiento. Si un fin de semana dentro de la casa puede poner al más sensato a arañar las paredes, una cuarentena con un bebé llorando puede resultar directamente enloquecedora. Además, los bebés adoran salir; les gustan el ruido y las hojitas de los árboles, les entretiene el movimiento… y les arrulla. Yo recuerdo que cuando tenía hijos chiquitos y nada funcionaba, salía a la calle, a veces simplemente a dar la vuelta a la manzana. El aire en el rostro nos despeja, saludar a otras personas, mirar paseando a los perros. Cuando un bebé es amamantando, tiene el mismo sistema inmunológico que su madre y su temperatura corporal es la misma que la nuestra; no existe razón médica para quedarse encerrado. 
  • -    Incorporar a la rutina cosas que produzcan placer es también, en mi experiencia, algo fundamental. La crianza puede ser muy exigente al inicio y vemos nuestra vida convertida en una serie ininterrumpida de tareas a realizar. Hacer algunas cosas placenteras cada día como comer helado, tirarse en el pasto a tomar el sol, darse un baño largo cuando alguien pueda encargarse del bebé por un rato... son cosas sencillas que pueden ayudar a pasarlo mejor. 
  • -    Amamantar definitivamente ayuda. Las altas dosis de oxitocina que producimos durante la lactancia nos ayudan a disfrutar. Si dar pecho no está resultando sencillo, acercarse a un grupo de lactancia puede ser una buena idea. Habitualmente son gratuitos y permiten despejar dudas además de ser un espacio para encontrarse con otras mujeres que están pasando por las mismas dificultades que uno. Puede resultar fundamental para mejorar el ánimo descubrir que no se es la única que no ha dormido en el mundo. 
  • -    Altas dosis de contacto. Conseguir un fullar y cargar o portear al bebé puede ayudar significativamente a reducir la angustia. Por lo regular los bebés chiquitos necesitan la cercanía física con sus madres. Pasar horas tratando de dormirlos para dejarlos en una cuna que pareciera ser de clavos porque se despiertan en cuanto los acuestas puede convertirse en un infierno. A veces es mejor llevarlos pegados al cuerpo y dejar de pelear con ese tema. El olor, el sonido, el calor de la madre les arrulla y les hace sentir seguros. Adentro de la panza estaban contenidos y meneados constantemente, una cuna quieta, silenciosa y sin contención alguna puede resultar inaceptable para un bebé recién nacido. También hacerlos taquito para dormir ayuda a que tengan periodos de sueño más largos. 

Pero no sólo los bebés necesitan contacto, también lo necesitas sus madres. Cuando llega el momento en que queremos arrojarlos por la ventana, lo que mejor funciona es desnudarlos, descubrirnos el pecho y quedar piel a piel abrazados por un largo rato. Sentir cómo nuestros cachorros descansan confiados sobre este cuerpo que es su morada, es el mayor de los bálsamos para la desesperación. Somos, aunque nos cueste aceptarlo, mamíferos y necesitamos oler y sentir a nuestras crías para enamorarnos de ellas con todas las incomodidades que representan. 

Así que les dejo algunas estrategias que se pueden aplicar antes de decidir que estamos frente a una DPP... Seguramente habrá cientos de otras, pero éstas son las que yo he encontrado. Y si aún así no logramos dejar de sentir más tristeza que alegría, quizá sea buena idea buscar a un profesional que acompañe el proceso, alguien capacitado para escuchar y contener el dolor de las heridas que pueden abrirse en el tránsito de volverse madre.


¿Estamos hechos el uno para el otro? El dilema de elegir un médico

 

Por Mercedes Campiglia

Debe haber en esta vida pocas cosas más difíciles de elegir que un médico. Elegir carrera vaya y pase, pero elegir un profesional de la salud para ponerte en sus manos, eso sí que es algo delicado.  ¿Será el indicado? Nos preguntamos mientras le observamos intentando escudriñar en sus intenciones. Y es que no es poco lo que está en juego… y el cuadro se complica aún más cuando elegimos un obstetra en cuyas manos depositaremos no sólo nuestra salud sino la responsabilidad de cuidar a la criatura que celosamente llevamos en el vientre.   

Yo debo confesar que he sido una paciente libertina que difícilmente pasa de la primera cita y he ido de consultorio en consultorio resignándome a elaborar una y otra vez mi historia clínica porque mis estándares para elegir un médico son definitivamente elevados. Con el paso de los años he ido encontrando a mis médicos y aunque no considero que ninguno de ellos sea perfecto, se han ganado mi confianza lenta y gradualmente. Tengo un pediatra del que mi hermana salió huyendo, tengo un médico de cabecera que muchas de mis amigas consideran que está demente y un equipo nutrido de obstetras, que si bien no uso personalmente porque terminó mi paso por las salas de partos hace ya tiempo, sí recomiendo a las mujeres que acuden a mí buscando consejo.

En mi trabajo es común que las parejas se acerquen a pedir orientación para elegir un obstetra. Las doulas, tenemos una vista privilegiada de la práctica médica. Vemos a los médicos trabajar constantemente. Los encontramos en los congresos, los topamos en los pasillos de los hospitales, compartimos con ellos noches enteras sin dormir y con el paso de los años nos toca verlos eventualmente resolviendo situaciones complicadas. Sabemos si meten mucho o poco la mano si son pacientes o inquietos, si les alteran los gritos o pueden vivir con ellos… Observamos el modo en el que diferentes médicos abordan las mismas situaciones y recibimos constantemente las impresiones de sus pacientes. Todo ello nos tendría que permitir recomendar con soltura a uno u otro llegado el momento pero, como ya lo dije, hay pocas cosas más difíciles para mí que elegir un médico.

Cada vez que una mujer embarazada se acerca pidiéndome la recomendación de un obstetra empiezan a bailar en mi mente toda clase de consideraciones, desde las económicas hasta las cualidades de carácter. Estoy convencida de que no hay un médico bueno para todas las mujeres, creo que más bien se trata, como en las relaciones amorosas, de encontrar tu media naranja y eso no siempre ocurre fácilmente. Así que ante la pregunta ¿Qué médico me recomiendas? quedo en la incómoda posición de celestina y trato de pensar en las cualidades ideales para esa mujer. ¿Cuál es su historia? ¿Qué cosas son importantes para ella? ¿Qué la trae hasta mí con esa inquietud? Una mujer puede derretir de amor por alguien que no sería capaz de arrancarle a otra ni un suspiro. 

Ojalá el problema se limitara a seleccionar alguien con suficiente pericia y alto grado de profesionalismo. Ello resulta sin duda indispensable, pero el tema no se limita a ello, necesitamos que el corazón de su aprobación para poder entregar nuestro cuerpo sabiendo que no saldremos lastimadas… y ahí empieza a complicarse la cosa. La fachada científica que recubre a la profesión médica, nos podría hacer pensar que la elección del médico es un tema frío que tiene que ver exclusivamente con una serie de procedimientos que se decide practicar o evitar, pero el tema es mucho más vasto que eso.

Así que como una primera orientación para las almas que no encuentran fácilmente sosiego poniendo su cuerpo en manos de un profesional de la salud, he diseñado este sencillo test que les ayudará a saber si esa persona sentada al otro lado del escritorio es compatible con ustedes; si están hechos el uno para el otro. 

1.    Cuando llega el día de tu cita:

a.    Empiezas a sudar frío y experimentar ataques de angustia sin motivo aparente.

b.    Sientes fastidio porque tendrás que modificar tu rutina y postergar la cita con el manicurista.

c.    Te alegra saber que llegó nuevamente el momento de escuchar el tum tum de los latidos de tu bebé y confirmar tu sensación de que todo marcha bien por ahí adentro. Además ya tienes una laaaarga lista de preguntas para comentar con tu doctor y no puedes esperar más para bombardearlo con ellas.

2.    Cuando entras al consultorio de tu médico:

a.    Invariablemente te atiende en 15 minutos mientras revisa sus anotaciones y toma más notas de las que nunca te comenta.

b.    Se refiere a ti con una cordialidad que resulta prefabricada y tienes la sensación de que ha repetido esas mismas frases ya varias veces en el día cuando llega tu turno.

c.    Te pregunta acerca de cosas personales de las que han hablado en consultas previas y te consulta con interés acerca de tus temores y dudas. Te mira a los ojos cuando hablan y no se limita a tocarte cuando necesita revisar el cuello del útero.

3.    Cuando estás en consulta:

a.    Deseas que todo termine lo más pronto posible antes de que tu médico descubra nuevos posibles factores de riesgo que te provocarán insomnio hasta la consulta siguiente.

b.    Quieres acabar con el trámite para seguir adelante con el resto de tu rutina, como cuando vas al banco o al supermercado. Tu vida es demasiado agitada como para estar yendo a consulta a cada rato.

c.    Disfrutas de charlar y fantasear acerca de la llegada de tu bebpues lleva su equipo de profesionales.to y que no es  de tu bebrprevias y te consulta acerca de tus temores y dudas.os...os con é que se aproxima y sales cada vez más emocionada pensando que el día del parto será especial.

4.    Cuando le hablas de lo que te gustaría el día del parto:

a.    Te pregunta de dónde sacaste esas ideas y te dice que las mujeres de hoy ya no sirven para parir porque a causa de la evolución el cerebro de los niños es cada vez más grande. Eso sin considerar que tienes una pelvis demasiado estrecha.

b.    Te dice que no te preocupes por nada, que él se encargará de proveerte todo lo necesario en el momento pues lleva su equipo de profesionales el día del parto. 

c.    Te pregunta acerca de tus expectativas y te cuenta con detalle la forma en que suele atender los nacimientos explicándote las razones que avalan sus prácticas. Sorpresivamente descubres que parece no haber incongruencias entre lo que él te explica y lo que recomiendan la OMS o la Secretaría de Salud!!!

5.    Cuando le hablas acerca de las 6 prácticas para un nacimiento saludable promovidas por la OMS:

•    Permitir que el parto inicie por sí mismo.
•    Moverse, cambiar de posición y caminar durante el trabajo de parto.
•    Evitar intervenciones médicas de rutina.
•    Acompañarse de una doula o un ser querido el día del parto.
•    Evitar pujar acostada boca arriba. 
•    Evitar la separación de bebé y mamá después del nacimiento.

a.    Él resopla y te dice “ya me vas a pedir el bloqueo… todas lo piden”. Y de una vez te manda maduradores pulmonares por si el bebé llegara a adelantarse.

b.    Él te aclara que está de acuerdo con respetar lo que tú quieres en la medida de lo posible pero… “no le gusta esperar más allá de la semana 40, te recomienda usar la epidural para lo cual necesitas estar acostada y monitoreada, pero te aclara que de cualquier forma no tienes que preocuparte por la evolución del parto porque como te pondrá un poco de oxitocina vas a avanzar más rápido. Te dice que prefiere las episiotomías a los desgarros y que desde el principio te va a poner un suerito para tener una vena permeable por si algo se complicara. Tienes que entender que en el momento de que nazca tu bebé te tienes que acostar para que él pueda trabajar y además en las salas de expulsivo del hospital en el que él trabaja sólo tienen camas de parto convencionales. A tu bebé sí te lo puede dar 5 minutos para que le des su besito antes de que se lo lleven al cunero a regularle la temperatura”.

c.    Te dice que en tanto todo marche bien, como es previsible ya que has tenido un embarazo muy saludable, él está de acuerdo con respetar todas estas prácticas, de hecho es lo que hace en todos sus nacimientos. Te comparte información sobre estudios recientes acerca de los beneficios del parto humanizado y te alienta a prepararte para recibir a tu bebé.

 

RESULTADO

Si tienes mayoría de a, has llegado con el médico indicado si estás buscando una cesárea programada y te aterra pensar en el parto. Si en la medida de lo posible desearías estar inconsciente durante el proceso y que te entregaran un bebé limpio y rosado al día siguiente, has encontrado el médico perfecto para ti.

Si tienes mayoría de b, has hallado a tu media naranja si lo que deseas es un nacimiento convencional en una institución convencional. Si piensas que el nacimiento es el palazo que te tienes que chutar para comerte el cacahuate de la piñata y esperas que pase lo más rápida e inadvertidamente posible, has dado con el médico perfecto para ti. 

Si tienes mayoría de c, debes salir corriendo, a menos que lo que estés buscando sea un nacimiento humanizado… Has encontrado a tu media naranja si crees que el parto es un momento único y maravilloso y te gustaría participar activamente en el nacimiento de tu bebé sintiéndote la capitana del barco. 

Cesárea después de cesárea

Por Guadalupe Trueba

La posibilidad de tener un parto normal después de haber tenido una cesárea no sólo es posible, sino que debe intentarse y estimularse…  A veces, sin embargo, hay que enfrentarse a la decisión de hacer de nuevo una cesárea, como cuando después de más de doce horas trabajando con una mujer se confirma que el parto no progresa. He acompañado varios nacimientos en los que parece como si todo se estanca y nada avanza ni para atrás ni para adelante, y en un momento dado el médico comenta “veamos que sucede en un par de horas más”, para después confirmar que a pesar de la espera “nada ha cambiado”. Esto es algo que a todos entristece aún sabiendo que lo que se prioriza es el bienestar de la mamá y de su bebé por nacer. Si es difícil para todos –mamá, papá, médicos, doula-  me pregunto ¿cómo será esta situación para el bebe por nacer? ¿Qué sentirá después tantas horas bañado en hormonas cuando la puerta no se abre para salir? Nunca en un nacimiento debemos olvidar al pasajero del viaje.

Todos los que estamos trabajando para lograr un parto vaginal después de cesárea confiamos en que el trabajo de parto progresará y se conseguirá un exitoso nacimiento. Mediante una planeación detallada y una vigilancia cuidadosa buscamos que la labor de parto y el nacimiento fluyan de forma normal, poniendo particular atención al entorno de respeto, a la intimidad de mamá y a hacer que se sienta segura y tranquila. Un ingrediente importante en estos nacimientos es la NO medicación y la NO intervención que puedan alterar la fisiología, y por sobre todas las cosas una gran dosis de paciencia, confianza y dedicación.

No hace mucho después de una cesárea me acerqué al médico a preguntar cuál había sido la razón por la que el parto no progresaba. Con tristeza me dijo que no lo sabía y que con seguridad hubiera sido cuestión de tiempo. “Había que haberle dado más tiempo…” La decisión de no seguir adelante con el trabajo de parto fue tomada por la mujer, quien atemorizada y sintiendo que este nacimiento sería igual al anterior, ya no quiso seguir por tiempo indefinido en labor de parto y optó por una segunda cesárea.

Al día siguiente la visité en el hospital y después de encontrarme con una mamá feliz abrazada a su recién nacida y satisfecha de que no se la hubiera separado de su pecho ni un instante, fui a visitar al ginecólogo. A él lo encontré triste; se había visto en la necesidad de operar cuando los planes eran tan diferentes. Había escuchado a la mamá decir varias veces en consulta que deseaba un parto antes que otra cesárea. El médico simplemente me comentó: “Sí, ella está muy bien y se siente muy bien, pero yo no; le pusimos muchas ganas y me siento triste de que no se lograra”.

Fue hermoso escuchar los sentimientos de un médico sensible que buscaba satisfacer a su paciente y que logró hacerlo, si bien por un camino distinto al que tenía planeado. Nunca hay comentarios adecuados para los sentimientos; los sentimientos no se pueden argumentar, uno se siente como se siente y no hay más que discutir.

Durante un parto vaginal después de cesárea que se alarga, se complica o parece no avanzar, escuchar los sentimientos de la mamá suele ser tan importante como escuchar los latidos del bebé… pienso yo… Si mamá tranquilamente nos indica que no se siente segura en seguir adelante, habrá que ayudarla a expresar sus miedos, responder a sus dudas y respetar sus deseos.

Como acompañante en el parto, cuando me encuentro ante el hecho de que hay que hacer una cesárea otra vez, me queda la satisfacción de haber intentado todo lo humanamente posible para que hacer de ésta una experiencia distinta. Muchas mujeres sienten una gran felicidad por el bebé que acaban de recibir pero una enorme desilusión con la experiencia del nacimiento. No podré cambiar lo que tiene que suceder, pero sí puedo intentar modificar la manera en que ella recuerde lo que acontecerá de cualquier modo y que esta segunda experiencia sea mucho mejor que la anterior.