Sofía saludó al mundo bien entrada la mañana.
Su mamá presintió su llegada desde la mañana del día anterior con "coliquitos" que iban y venían. 
17 horas después fue evidente que en algún punto  conoceríamos a Sofía. Todavía hicieron falta 8 horas más y así, poco a poco y pujo a pujo, sin prisas y en semipenumbras vimos su cabecita aparecer lenta, segura, confiada y tranquila; y luego, otra vez sin prisas y en silencio, saludó al mundo. 
Y es que hacer este viaje requiere tiempo y paciencia, determinación y constancia.
Mi percepción es que de algún modo Sofía (como muchos otros bebés), nos vienen a mostrar a los padres, a las doulas, a los médicos, a los abuelos.... que hay que ser pacientes y respetuosos para la vida. Que venir al mundo no es cualquier cosa y que esta espera nos ayuda a prepararnos para lo ENORME del momento.
La espera, las pausas, las horas...nos dan la posibilidad de maravillarnos y de asimilar el proceso mágico del viaje hacia la vida. Dan tiempo de reconocer los miedos y las  dudas para dar lugar a la certeza, la confianza y el asombro total.

 

Gracias Sofía por mostrarnos con tu viaje lo hermoso y memorable de la espera paciente y la entrega absoluta.

Bienvenida!!!!!

Ana Maza