Decidimos tener un parto psicoprofiáctico y contamos con la gran ayuda de Guadalupe Trueba (a quien agradezco el apoyo y ayuda que nos ofreció a mi y Jordi durante el parto), que estuvo durante todo el parto pendiente de mis necesidades y de ayudarme. También conté con las mejores manos obstetras de todo México (Dr. Celaya), que hizo posible este parto tan especial y de su equipo médico. Mis padres llegaron a México desde Barcelona el día antes del nacimiento de mi bebé. Ese día fue normal, por la mañana hice un montón de recados que tenía pendientes antes de que llegaran mis padres. Cuando fui al súper sentí un par de contracciones fuertes, ya me veis en el pasillo de las salsas de tomate apoyada en el carro de la compra y respirando cual búfalo, y luego en la cola del pan aguantándome para no adoptar alguna postura más comprometida. Quitado esto, el resto del día todo fue tranquilo. A eso de las 23h me desperté (sólo llevaba una hora durmiendo) con contracciones fuertes y seguidas, pero esperé un rato a ver qué tan seguidas eran y qué tan fuertes. No entendía nada, en media hora me habían dado un montón de contracciones súper fuertes….teóricamente las contracciones se establecen poco a poco y cada vez son más frecuentes…. Tuve que despertar a Jordi y le dije que esto ya estaba en marcha…él con los ojos inflados ¿cómo, qué, ya!!!!!?? Pues nada, apoyada en la cómoda balaceándome y comenzando a hacer ruidos para calmar el dolor. A eso de las 00h nos metimos en la bañera de casa, con agua calentita para ver si me calmaba un poco el dolor y si las contracciones paraban (a veces con el agua caliente las contracciones dejan de ser tan frecuentes y adoptan otro patrón), pero al parecer este no era el caso. Las tenía cada 3 minutos y duraban 50 segundos!!!!! Y desde el principio!!!!!! No entendíamos nada, se supone que no se llega a esa frecuencia y fuerza hasta que estás en la fase activa del parto, así que nos preocupamos mucho, ¿y si ya estaba en fase activa y ni me había dado cuenta??? Llamamos a la dula para decírselo y ella nos dijo que seguro quedaba mucho por delante. También llamamos al médico, dijo lo mismo, pero nos comentó que si saliendo de la bañera todo seguía igual, nos fuéramos al hospital. Pues nada, que para el hospital teníamos que ir. Eso sí, primero despertar a mis padres que estaban dormidos como marmotas, no se enteraban de qué iba el tema, caminaban por casa como zombies preguntando qué pasaba, pasó como un buen rato hasta que se dieron cuenta de que estaba de parto. Entonces todo fue muy rápido, se cambiaron y empezaron a hace lo que hacen los padres, a ponerse tontos conmigo y a hacerme un montón de fotos…para fotos estaba yo!!!! Nos dio tiempo a terminar de empacar y nos fuimos al hospital. Cuando llegamos el médico ya estaba allí y me pasaron a la sala de reconocimiento y SORPRESA: cuello de cérvix totalmente cerrado, girado hacia el coxis y sin reblandecer. Yo no entendía nada y el médico tampoco. Nada, que yo me quería ir a casa para hacer el trabajo en casa, pero el médico me dijo que no. Llegó la dula y ella opinó lo mismo, que con esas contracciones y ese dolor, mejor quedarse en el hospital a hacer el trabajo de parto. Me llevaron a mi habitación y allí me quedé. Os he de decir que estuve utilizando técnicas de relajación y de focalización para concentrarme en el dolor de las contracciones, me tenías que oír, me parece que hice todo el repertorio animal posible. En la ducha estuve un ratito y volví a salir a la habitación, allí el médico me revisó y volvió a flipar: en apenas una hora había dilatado ya 4 centímetros!!!! Con razón tenía unas contracciones tan fuertes!!!! El trabajo de casi 10 horas en sólo 1!!!!! Con 4 cm decidieron entrar ya a la sala en la que nacería mi bebé. Llegamos a la sala y empecé a trabajar, recuerdo que me pusieron mi iPod con mi música, bajaron la luz y abrieron un par de bolsas de chocolatinas para ir comiendo todos mientras el trabajo. Recuerdo ir al baño y volviendo desplomarme a cuatro patas en el suelo y empezar a moverme de adelante a atrás, la verdad es que calmaba mucho el dolor. A esas alturas una nueva sorpresa, ahora tenía contracciones dobles, es decir, terminaba una y justo empezaba la siguiente sin darme descanso….estaban todos flipando. El médico me revisó y por lo visto me había quedado estancada, llevaba 2 horas para avanzar 2 cm. Tanto la dula como el médico cuchicheaban que si esto continuaba así, me iban a dar algo para el dolor, que no podía seguir así porque con el desgaste físico y psicológico que estaba teniendo no iba a poder soportar la fase final del parto. Se lo comentaron a Jordi, pero él prefirió ver cómo avanzaba todo. Me volví a meter en la ducha, esta vez con Jordi, me ayudaba con masajes en la espalda, me apoyaba, me ayudaba con la respiración…Llegué a un punto que me abstraje de mi entorno, me metí tanto en mis contracciones que dejé de tener contacto con la realidad; era capaz de pasar algunas de ellas sin ningún tipo de dolor, claro que cuando me tocaban las dos seguidas, la segunda no había manera de controlarla. Probé otra técnica, sentada en el baño, la verdad es que va muy bien, es nuestra postura natural para abrir nuestros esfínteres, así que sentada allí hice un poco de trabajo, pero apenas avancé con mi dilatación. Así que la dula, que me ayudaba con nuevas posturas y técnicas de relajación y respiración, me comentó que le preguntaría al médico si me dejaba entrar ya en la bañera, normalmente 6 cm son demasiado pocos como para entrar allí, generalmente se espera a la dilatación casi completa, ya que el trabajo en la bañera es muy agotador, por la temperatura del agua. El médico accedió, así que me metí en la bañera. Las bañeras son grandes, del tamaño de un yacuzzi grande, hay agarraderas alrededor, lo que facilita a la hora del pujo porque puedes tener un punto de apoyo para ejercer más fuerza. En la bañera sólo estás tu (el esposo también si quiere y dependiendo de la situación), ese es tu reino y tú lo disfrutas y haces tuyo. El médico te atiende desde fuera, le hace el seguimiento al bebé con un dopler para ver su frecuencia cardíaca de vez en cuando y llegado el momento atiende el nacimiento del bebé, a menos que lo quiera hacer el padre (Jordi no sabía qué hacer, si estar con el bebé o conmigo, así que finalmente decidió quedarse conmigo en el último pujo y ver cómo nacía Carla). El agua está a 37C, la temperatura corporal para que el cambio de ambiente del bebé sea lo menor posible (Por eso las luces de la habitación también están atenuadas, además de que facilita la concentración de la mamá.) A partir de ese momento, todo cambió, los dolores se hicieron más soportables, la ingravidez del agua ayudaba a mi relajación, yo misma estaba como en otro mundo. Jordi me ayudaba durante las contracciones y la dula me iba ofreciendo algo de comer y beber. Habíamos llegado al hospital a las 2:40 de la mañana y entré en la bañera sobre las 6 o 6:30 de la mañana, Carla nació a las 8:55, así que el trabajo en la bañera fue rapidísimo, todo se disparó, dilaté 4 cm y realicé el expulsivo en apenas 1:30. Beneficios del parto en agua!!!! Pues eso, que estaba yo relajada y de golpe sentí la necesidad de pujar, pero me parecía demasiado temprano para eso y le pedí permiso al médico (angelito, que inocente que soy). El médico me dijo que si sentía la necesidad que pujara, y eso hice, puje. Noté como que algo salía a borbotones y oí que todos comentaban que había roto aguas. Después de esto, ya empecé a pujar, sentía una necesidad imperiosa de ello. La verdad es que en la bañera, con la temperatura del agua tan calentita (37C) ayudaba mucho al pujo, los movimientos se hacen más fáciles y el hecho de que puedas agarrarte a las asas que hay alrededor de la bañera hace que todo sea más cómodo. Además, es tan grande que te puedes estirar completa. Estuve pujando boca arriba un tiempo, pero pasado un rato se me hizo más cómodo hacerlo de espaldas, me giré y me puse a cuatro patas, el médico puso entonces un espejo bajo de mi, para poder controlar todo. Jordi iba mirando y llorando, se movía de la cabeza de la bañera a los pies, no sabía dónde ponerse, sentía curiosidad por ver la cabecita de Carla, pero estaba demasiado preocupado por mi. Pobre, estaba más nervioso que yo. Llegué a tocarle la cabeza a Carla, sentí lo blandito de la cabecita, los pelitos… Eso me sirvió para darme un último boost para terminar la faena. Ahora tocaba lo más difícil, el aguantar el pujo para no desgarrarme….y lo logré!!!! Y eso que la niña salía con la manita enganchada a la cabeza (para hacerlo todo más fácil). Gracias al médico que me indicó bien el momento, hice el último pujo y….Carla salió disparada al agua, y la expresión disparada es lo único con lo que puedo describir la sensación de “expulsar” a la bebé con la tranquilidad de saber que no se va a resbalar, que no se va a caer y que va a salir a un medio y a una temperatura igual a la que tenía dentro del útero. Resultado: nada de desgarros, nada de episiotomía, nada de nada!!!!! Jordi me dijo que estuvo unos segunditos en el agua, pero que rápidamente el médico sacó la cabecita de la niña del agua, yo ya me había girado y ya me la entregaron. La tuvimos unos minutos en el agua, con el cuerpecito metido dentro, para mantener la temperatura, luego ya me la puse en el pecho y la abracé fuerte mientras la íbamos mojando para mantenerle la temperatura. Abrió los ojos muy tempranito y no paraba de mirarnos a Jordi y a mi….fue la sensación más plena de mi vida, ver esa cosita chiquita que nos miraba con esos ojos abiertos y despiertos moviendo las manitas y abriendo y cerrando los dedos mientras se amarraba a mi pecho….aisssshhhhhh!!! Carla es una niña muy despierta y muy movidita. A los 5 días ya estaba levantando la cabeza mientras está boca abajo, gira la cabeza buscando los sonidos y los movimientos, es capaz de seguir las manos (las suyas y las de los demás). Se ha demostrado que los bebés nacidos en agua son más atentos y espabilados, y yo lo estoy viendo en mis propias carnes. Ahora no recuerdo el dolor de las contracciones como tal, no soy consciente de haber pasado tanto dolor. El médico y la dula estuvieron de acuerdo en que el umbral del dolor que soporto es muy alto y que manejé muy bien la situación. Si pudiera, volvería a tener un parto así. No sólo por el hecho de tener a mi bebé en el agua, sino de pasar otra vez por todo ese trabajo de introspección y concentración que tuve que hacer para poder llegar a mi objetivo: ver nacer a mi hija de la manera más natural posible y segura.

Karla