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“Quiero parto en casa”…frase que en la mayoría de las personas causaba sentimientos de miedo, fantasías de irresponsabilidad, dudas. Algunos simplemente pensaban que había perdido la cabeza, cosa que sucedió hace ya muchos años. ¿Por qué quería parto en casa? Se preguntaban todos, a lo que yo contestaba “¿y porqué querría irme a un hospital si todo está bien?” Parir no es una enfermedad que haya que curar, parir no tiene riesgo si todo ha sido sano y saludable. Al contrario, parir es intimidad, es gozo, es movimiento, es danza, es deseo, es ser uno mismo… parir es en el calor del hogar. Algunos creen que parir en casa es sinónimo de irresponsabilidad porque imaginan que en ese escenario no habrá ningún profesional, pero ello no es así. Nosotros nos dimos a la tarea de conocer y entrevistarnos con varios profesionales de parto en casa, estudiamos las alternativas entre ginecólogo o parteras. Y creo que al final tuvimos al mejor equipo para parto en casa: –       Dos parteras maravillosas, profesionales de la salud a las que con los ojos cerrados dejé en sus manos mi salud y la de mi bebé –       Una doula que más que doula fue mi coach, mi guía –       Una mamá que no me dejó ni un instante –       Dos amigas colegas cuya ayuda fue indispensable –       Y la parte más importante del equipo, mi esposo, que parió conmigo y mi hija mayor que ahora sabe más de un parto que cualquier niño de su edad Si bien había tenido dos partos humanizados completamente naturales y no intervenidos en un hospital, este parto fue algo especial, tan especial que el escribirlo me provoca un nudo en la garganta. A pesar de ser mi tercer bebé, éste fue el único embarazo que llegó a las 40 semanas, cosa que en otros tiempos me habría puesto muy nerviosa. Justo el día 40 a las 10 pm empezaron las contracciones. Éste ha sido el trabajo de parto más largo de los tres, casi 25 horas, sin embargo fueron 25 horas amables, suaves, en las que tuve tiempo de irme preparando. Dormí, caminé de la mano de mi esposo, jugué con mi hija, vi películas. Las contracciones eran intensas pero duraban muy poco (10 a 15 segundos) y no tenían una frecuencia significativa; tenía una cada 30 ó 40 minutos. A decir verdad yo estaba segura que el parto no sucedería en las siguientes horas. Esas contracciones no se parecían en nada a las de los partos anteriores.  Sin embargo mi equipo no me quiso dejar sola y decidieron llegar desde el sur de la ciudad a mi casa aunque el parto no fuera inminente.  Para mi sorpresa ya empezaban la dilatación y el borramiento, esas contracciones cortas, espaciadas, pero intensas, iban jugando a mi favor. Y así fui trabajando una a una con mi doula y mi esposo.  Una contracción cada 20 ó 30 minutos, pero cada una bien trabajada, buscando posiciones en las que la pelvis estuviera libre para moverse… fueron pasando las horas y las contracciones seguían igual de cortas y espaciadas. Jamás tuve miedo ni ansiedad, sabía que el momento llegaría a su tiempo, confiaba en mi cuerpo.  Alrededor de las 9 pm del siguiente día mi partera me pidió revisarme para ver el avance, yo esperaba feliz unos 4 cms de dilatación pero la sorpresa fue absoluta para todos cuando dijo: 7 cms!! En ese momento fue como prender un switch a transición, todo cambió. El inflado y llenado de la tina… cubetas iban y venían. Mi esposo adaptó todo en dos segundos para tener la música que yo había elegido, aromaterapia, luces apagadas. Yo veía a todos correr… mientras yo sentía cada contracción. La presión en el piso pélvico ya era fuerte y el dolor en la espalda baja era muy intenso. Mi cuerpo me pedía sentirse ingrávido, necesitaba colgarme literal, sentir que le daba espacio a mi matriz, a mi bebé, y que mis piernas no hicieran fuerza alguna por mantenerme de pie.  Colgarme del cuello de mi esposo mientras mi doula sobaba mi espalda, fue una danza mágica que me aislaba del mundo. En ese momento tampoco sentí ansiedad, de hecho sentía que aún faltaba, pero claramente las parteras y mi doula escuchaban mi respiración y sabían que el momento estaba más que cerca. Entrar a la tina en trabajo de parto no tiene igual, es un momento de relajación total, en donde el cuerpo se mueve fácil, en donde puedes escucharte a ti misma aislándote del mundo. Y si a eso le sumo la compañía de mi esposo en el agua… el resultado es un momento sublime. Sostenerme de él con esa sensación de pujo incontrolable sabiendo que es mi bebé quien toca a la puerta de este mundo, es el verdadero significado de parir en familia. Mi bebé llegó de una forma suave y pausada, evitando que me desgarrara. Mi adorada partera me iba guiando para no pujar con demasiada fuerza y ayudar al periné a distenderse lentamente. Y esa salida, la salida después de la sensación de pujo, es el mayor placer del parto. Tener a mi bebé en los brazos, observando todo fijamente, sin llorar pero respirando perfectamente, recargada en las piernas de mi esposo, con mi hija mayor ayudando para que no se enfriara y el resto del equipo a mi alrededor cuidándonos, procurándonos, es un momento que jamás voy a olvidar. Al salir de la tina sentía como una explosión interna, ganas de gritar y llorar. Mi partera me sostuvo por la espalda y me abrazó fuertemente… me abrazó… ¿cuándo habría yo vivido algo similar en un ambiente hospitalario? Estar en mi cama con mi bebé y mi amado inmediatamente después de parir, no tiene igual, es una unión que jamás se romperá. Mi secreto, claro que tengo un secreto, y es que jamás lo dudé. Sabía cómo quería vivirlo, confiaba ciegamente en mis parteras, en mi doula, en mi esposo, en mi bebé y en mi cuerpo. Nunca existió un segundo de miedo o ansiedad. Todos cuidaban que la oxitocina trabajara a su ritmo. Si tuviera otro parto en puerta, sin duda alguna volvería a vivirlo igual. Gracias Guadalupe Hernández, Yolanda Ilescas, Guadalupe Trueba por estar ahí, por su profesionalismo, por ser más que parteras y doulas, por ser una madre en quién depositar toda mi confianza. Gracias Rubén Galindo por apoyarme desde el principio, por nunca dudar en que sería posible cumplir mi sueño, por amarme y parir conmigo, eres el mejor doulo.

Ana Güemes