Yo siempre había querido tener un parto natural, afortunadamente encontré al doctor Jesús Luján, quien está a favor del parto humanizado y al cual agradezco haber estado conmigo en el nacimiento de mi hija y haberme puesto en contacto con Guadalupe Trueba que reforzó mi confianza en mi capacidad para parir. La llegada de Nicté fue larga, recuerdo que justo el día que estaba programada la inducción porque no podíamos seguir esperando, se me rompió la fuente y ahí empezó todo. Nos fuimos a caminar al lago de Chapultepec y comencé a sentir un dolor muy fuerte. Le dije a Luis (mi esposo) y a mi mamá, quien nos acompañaba, que ya había comenzado el parto. Cuando llegue al hospital me revisaron y llevaba 6 cm de dilatación!!! Había avanzado mucho. En ese momento le llamamos a Guadalupe que llegó muy rápido. El primer consejo que me dio fue meterme a la regadera, luego me recomendó tomar diferentes posiciones hasta encontrar la que me hiciera sentir mejor, tras probar varias encontré la más adecuada y ahí me quedé. Cuando ya no podía más y tenía la necesidad de que mi bebé naciera, me puse a vocalizar y eso fue de gran ayuda… después de un rato dejé de escuchar y de ver, me perdí en cada contracción y me concentré tanto que dejé de sentir el paso del tiempo. Toda mi atención estaba en sentir cómo Nicté iba abriendo mi cadera y lo que tenía que hacer para ayudarla a nacer. Por fin llego el gran momento, con 10 cm de dilatación pude entrar a la tina… todo fue mucho mejor cuando me metí al agua calientita. Las luces apagadas y la compañía de Luis me ayudaron a tomar fuerza. Tras pujar en varias posiciones el doctor me dijo “ya está muy cerca, tócate para que sientas su cabecita”. Lo hice y ahí estaba, pujé un poco más y el momento más maravilloso de mi vida llegó… vi nacer a Nicté. Doy gracias a Dios por dejarme vivir esta maravillosa EXPERIENCIA y al gran equipo que estuvo alrededor de mí en ese momento. Sé que la decisión de haber tenido a Nicté en agua fue la mejor manera de iniciar su vida en este mundo.

Gabriela