De que nace, nace y no hay que rendirse...!!!

 

Ya con 39 semanas de embarazo, asistimos a nuestra consulta con el médico el sábado 16 de abril, y después de la revisión nos dijo que el cuello del útero seguía cerrado y sin ningún adelgazamiento, que la bebé estaba grande y mi cadera muy estrecha, que la bebé tenía apenas la cantidad de líquido amniótico suficiente y que en conclusión... si no daba "señales de parto" para el día jueves que me volvería a revisar, me programaría cesárea para el sábado 23.

Confesaré que salimos de consulta muy decepcionados pero con la idea de hacer lo posible por tener un parto natural. Así que nos fuimos a casa y nos pusimos a investigar todos los consejos y remedios "caseros" para propiciar el parto, además de poner en práctica las técnicas aprendidas en el curso en Experiencia. Así que toda la tarde del sábado se pasó en hacer estiramientos, rebotar en la pelota de pilates, comer comida picante, subir escaleras, salir a caminar, comer piña, papaya y mango, hacer sentadillas, etc... y lo más efectivo de todo: tomar té de hojas de frambuesa! Pues así el sábado y esa noche comencé con contracciones!!!

Para el domingo 17 le hablamos al médico y nos dijo que estuviéramos pendientes de las contracciones, de su duración, intensidad y frecuencia y que le reportáramos... Seguimos con los "remedios", y por ahí de las 10 am expulsé el tapón del cervix. Todavía nos fuimos al súper a comprar "pendientes" para llevar al hospital y el día transcurrió entre la evolución de las contracciones y los preparativos (maleta, pañalera, lunch...). Llegada la noche nos metimos a bañar y después de cenar, en una de las contracciones (que ya eran cada 7mins aprox.) rompí la fuente; así que en ese momento le avisamos a la doctora y nos fuimos al hospital. Llegamos 11:30 pm y nuestra pequeña nació a las 3:56 am del lunes.

Fue parto natural, la Dra. lo describe como "un parto de libro", la dilatación evolucionó 2-4-6-8-10... Las contracciones se intensificaban pero entre los movimientos con la pelota, la respiración, las vocalizaciones graves, el masaje que me daba mi esposo... Todo sucedió de forma natural, sin necesidad de bloqueo epidural, en un ambiente de tranquilidad, armonía, expectativa y mucho amor.

Al nacer, inmediatamente la pusieron en mi pecho, el momento más maravilloso que uno puede vivir! Papá cortó el cordón umbilical pasados unos minutos ya que había dejado de latir; la acariciamos, la secamos, nos vimos, nos reconocimos... La pediatra se llevó  unos instantes a la bebé y después de que la revisaron volvió a mí e inmediatamente se enganchó al pecho y comenzó a comer.... Un momento mágico.... 

Después de todo, nuestra experiencia ha sido nunca rendirse, intentarlo, luchar... Siempre platicamos que si había alguna condición médicamente justificada, la salud de nuestra pequeña era lo primero y si era necesaria una cesárea lo aceptaríamos. Pero siempre pensamos primero, en darnos y darle la oportunidad de al menos intentar un parto natural! 

Gracias a todo el equipo de Experiencia por compartir con nosotros la espera, por guiarnos para vivir al máximo este momento y por darnos el animo para creer que siempre es posible.

Saludos de Eliette Andrea; Jail y Eric!

El nacimiento de Elissa

Quiero agradecerles por todo lo que nos enseñaron en el curso. Acabamos de tener a nuestra hija el día 22 de mayo y fue, gracias a dios, como lo quisimos; en agua y natural. 

Les quiero presumir a Elissa, nuestra hija, que gracias a todo lo que nos transmitieron en el maravilloso curso, que debo confesar, yo no quería dejar de ir a pesar de que ya había terminado las clases para nosotros. 

Les mando un saludo a todo el equipo que pertenece a Experiencia y decirles que admiro el trabajo que realizan con dedicación y entrega a cada una de las parejas que pisamos esas instalaciones. Y que claro que recomiendo al 200%. 

Gracias por todo!!!

Arni y Paula

El nacimiento de Benjamín

Nos decidimos hacer el curso profiláctico por recomendación de algunos amigos. Hace año y medio habíamos pasado por una cesárea para dar a luz a nuestro primer hijo el cual ya sabíamos que tenía una enfermedad cardíaca por la cual no iba a poder vivir. Fue un momento muy difícil, en que dimos a luz un nuestro bebé sin saber si íbamos a llegar a conocerlo vivo o no. 
Por lo que queríamos que el nacimiento de nuestro segundo hijo fuera algo especial y queríamos prepararnos para ello.
Apenas conocimos a Ana fue “amor a primera vista”. Nos sentimos súper contenidos por ella y pudimos compartirle toda la carga sentimental que el nacimiento de nuestro segundo hijo traía aparejado. Después del curso decidimos que lo mejor era que una Doula nos acompañara durante el parto, y le pedimos a Ana si ella podía ser quien estuviera con nosotros. 
El domingo 15 de mayo nació Benjamín, a las 5:30 de la tarde. El sábado por la noche empecé con contracciones y empezamos a poner en práctica los recursos que Ana nos había enseñado en el curso para ese momento. A las 6.30 de la mañana, ya con contracciones más fuertes decidimos salir para el hospital, llamamos a nuestro médico, a Ana y partimos para allá. Al llegar al hospital nos dijeron que solo tenía 3 cm. de dilatación, por lo que nos recomendaron que volviéramos a nuestra casa para que no se nos hiciera tan largo el tiempo allí. Media vuelta y volvimos todos a nuestras casas.
Estuvimos en casa 6 horas en trabajo de parto hasta que ya fue hora de ir nuevamente al hospital. Llegamos, y vuelta la mala noticia, seguía con 3 cm. Habían pasado 13 horas, una noche entera sin dormir y yo seguía de 3….. Fue muy desmotivante y a la vez, ya estábamos tan cansados que sentíamos que no íbamos a poder llegar al final del camino, no nos quedaban fuerzas. Decidimos ponerme oxitocina, para que las contracciones empezaran a ser reguladas y “acelerar” un poco el proceso. Pero fue gracias a la ayuda de Ana que el resto de las horas fluyeron tan fácil que ni nos dimos cuenta del tiempo ni del cansancio. Fuimos pasando contracción por contracción, trabajando como un equipo, mi marido, Ana y yo. Dos horas después ya estaba de 6, tres horas más de 10. Ana nos fue guiando, y desde afuera del baño estando atenta a qué necesitaba para cada momento, hizo que todo fuera más fácil. Con su maleta como de Merry Poppins, iba sacando cosas y proponiendo alternativas sabiendo exactamente qué necesitaba para cada momento, pero siempre respetando nuestra intimidad y preferencias. Al ir haciendo diferentes posiciones y ofreciendo distintos recursos el tiempo pasó rapidísimo y sin darme cuenta ya estaba lista para empujar y conocer finalmente a mi bebé.
Yo no soy de las que estaba cerrada a parto sin anestesia, ni le tenía fobia a la cesárea. Quería de ser posible un parto natural y lo más humanizado posible, pero lo más importante era que mi bebé naciera sano. Por lo que había llegado al parto abierta a que se diera de la manera que fuera. Pero la verdad que todo fue tan natural y fluido que nunca  me planteé la necesidad de pedir el bloqueo hasta que llegó el momento de la expulsión que ya no tenía sentido.
Una de las cosas más lindas de mi parto creo que fue la participación activa que pudo tener mi marido. Que él no se sintiera solamente una estaca al lado mío dándome la mano, sino que realmente participara activamente del nacimiento de nuestro bebé, y pudiéramos unirnos y compartir ese momento. Es algo que siempre vamos a atesorar los dos y creo que es algo que nos va a unir para siempre, como hoy la vida de nuestro bebe.
Quiero agradecerle a Ana por haber hecho que nuestro parto fuera tan lindo, por acompañarnos en tan importante momento y por su gran calidad humana. Su trabajo no terminó en el parto, sino que siguió acompañándonos los días que siguieron, para iniciar la lactancia y estando atenta a cómo iba nuestra adaptación a nuestra nueva vida como padres.
Después de lo vivido, creo que el acompañamiento de una Doula no debería ser algo opcional, sino realmente una parte más del equipo médico que te acompaña durante el parto. 

HISTORIAS DE PARTO

 

Mariana Linares Cruz

Antes de salir de casa, rápido, súbito, como un talismán, tomé un libro. El libro. Pesado y profundo, su compendio de hojas habría de salvarme de lo que viniera al atravesar la puerta para encaminarme a un hospital. Pesado y profundo, en el fondo de la gran bolsa negra, el libro era el ancla que debía asirme a la tierra, a la realidad, al mundo como los conocía durante los últimos 30 años. El libro. Antes de salir de casa, recuerdo bien, corrí para abrazar mi libro y echarlo al fondo de la gran bolsa negra que –sin saberlo– llevaba al futuro, al después de hoy, al parte aguas.
El libro me salvó de la espera. El doctor que habría de deletrear el futuro no tenía prisa y sí mucha calma, tantos pacientes y ganas de pausa. El libro decía:
“La sangre quiere sentarse. Le han robado su razón de amor. Ausencia desnuda. Me deliro, me desplumo. ¿Qué diría el mundo si dios lo hubiera abandonado así?”
Sobre esas líneas patinaban mis ojos cuando la vocecilla de una mujer dijo: “Adelante, el doctor los espera”.
El libro, pesado y profundo, se sumergió en mi gran bolsa negra y se puso atento a escuchar zumbidos, sonidos y palabras extrañas. Ya no alcancé a leer la siguiente frase del libro, que iba así:
“Sin ti el sol cae como un muerto abandonado. Sin ti me torno en mis brazos y me llevo a la vida a mendigar fervor”
No la leí, pero casi. Porque el doctor dijo palabras fuertes que achicaron el espacio y succionaron bruscamente el aire que ya no lograba entrar en mis pulmones. Palabras que decían: “No hay tiempo. Su hija está mejor afuera que adentro”. Adentro era yo. Afuera era el resto. Maia debía asomar su cabeza al afuera en los próximos minutos para no quedarse para siempre adentro. No pude leer más el libro, pero en otras de sus páginas decía: “La noche se astilló en estrellas”.
La tarde se astilló en anhelos para Alejandro y para mí. Las palabras fuertes trajeron consigo las decisiones inmediatas. Afuera, afuera, afuera trajeron al ahora, ahora, ahora. La vida terminó allí su antes para comenzar el resto. Con nada listo, nada preparado y su mano en mi mano, caminamos juntos –por última vez juntos y solos– hacia el futuro con nombre de Maia. No era así como tenía que ser, pero ya era. Dentro de mi grande bolsa negra ningún instructivo, ningún salvavidas, ninguna pausa, ningún “ahorita vengo”, sólo el libro para transitar la tarde de astillas y anhelos. En el aire, en cambio, muchas cosas: un susto, un miedo, una incertidumbre, un enojo, una voluntad, una convicción. Tanto amor. Mucho amor. Todo el amor. El libro, pesado y profundo, salpicaba:
“el tiempo tiene miedo, el miedo tiene tiempo, el miedo pasea por mi sangre arranca mis mejores frutos devasta mi lastimosa muralla”.
Maia tumbó todas mis murallas. Las del miedo al bisturí, a la aguja que se clava en la espalda, las del control de todo por nada, las de planear hasta el movimiento de mis propias pestañas. Ella nació con un grito profundo, un grito que hoy es carcajada, un grito que nos dijo a todos: “Aquí vengo, aquí estoy y tengo toda la voluntad por ser una alharaca”. Me enamoré. El libro ya lo anticipaba:
“Pues eso es lo que hacemos. Nos anticipamos de sonrisa en sonrisa hasta la última esperanza”.
Maia lanzó su primera alharaca, salió del adentro, conoció el afuera y escuchó como pudo los tantos cantos, las miles de risas, el goteo de unas lágrimas que Alejandro y yo pudimos encontrar en nuestro repertorio de herramientas enterradas. También se colaron las voces de los médicos, la paciencia de las enfermeras, la claridad de Mercedes y un lejano grito de la pediatra que insistía en llevársela. No lo hizo hasta que Maia encontró sus ojos en mi mirada. Un segundo que fue suficiente para darme cuenta de que ella, afuera, estaba sana y salva. Antes de perder el habla supe que Alejandro abrazaba a Maia y juntos partían a la primera aventura de ella afuera, lejos de mi panza. Perdí la conciencia. La recobré.
Hubo una última hora de mí, sola, tumbada boca arriba, exhausta, ida, perdida, dormida sobre una camilla aguardando a conocer a Maia. Una última hora para decirme a mí misma: “Esta es tu última hora contigo misma”. Pensé en el libro, pesado y profundo asidero de mi alma, que en su página 115 decía:
“explicar con palabras de este mundo que partió de mí un barco llevándome”.
Un barco que se llama Maia, que llegó hace ocho meses y que me trajo otra que no era yo pero ahora soy. La que escribe ahora tiene más alas, más tiempo, más canas, más sueño, más sueños, más claridad y menos ansias. La que escribe toma su libro cada noche y se lo lee a Maia:
“Escribes poemas Porque necesitas Un lugar En donde sea lo que no es.”
Maia entiende. Las palabras de libro* la acompañan mucho tiempo antes que el afuera llegara.
*Fragmentos del libro Poesía completa, de Alejandra Pizarnik. Editorial Lumen.
*Mariana Linares Cruz. Periodista. Obsesiva por escuchar la radio. Amanece antes que salga el sol para tomar café, leer, escribir y encontrar historias antes que se despierte Maia. Los sábados amanece más tarde, no escribe y conduce el programa Cinesecuencias Radio en Reactor 105.7 FM. Es conocida por los sonidos extraños que emite al escribir, algo parecido a murmullos pero que no alcanzan a percibir los humanos. Las historias que encuentra pueden leerse en el periódico FRENTE y en la revista GENTE. @mlinarescruz

Lo que nos regaló la espera...

 

Sofía saludó al mundo bien entrada la mañana.
Su mamá presintió su llegada desde la mañana del día anterior con "coliquitos" que iban y venían. 
17 horas después fue evidente que en algún punto  conoceríamos a Sofía. Todavía hicieron falta 8 horas más y así, poco a poco y pujo a pujo, sin prisas y en semipenumbras vimos su cabecita aparecer lenta, segura, confiada y tranquila; y luego, otra vez sin prisas y en silencio, saludó al mundo. 
Y es que hacer este viaje requiere tiempo y paciencia, determinación y constancia.
Mi percepción es que de algún modo Sofía (como muchos otros bebés), nos vienen a mostrar a los padres, a las doulas, a los médicos, a los abuelos.... que hay que ser pacientes y respetuosos para la vida. Que venir al mundo no es cualquier cosa y que esta espera nos ayuda a prepararnos para lo ENORME del momento.
La espera, las pausas, las horas...nos dan la posibilidad de maravillarnos y de asimilar el proceso mágico del viaje hacia la vida. Dan tiempo de reconocer los miedos y las  dudas para dar lugar a la certeza, la confianza y el asombro total.

 

Gracias Sofía por mostrarnos con tu viaje lo hermoso y memorable de la espera paciente y la entrega absoluta.

Bienvenida!!!!!

Ana Maza

MI PLAN DE PARTO

El plan de parto es  algo que preparan las parejas con anticipación y en las consultas prenatales lo van compartiendo con su médico para que  conozcan cuales son sus deseos para el nacimiento de su bebé. 

Esto implica sentarse y darse  la tarea de expresar en papel la manera en que quieren recibir a su bebé .

Tuve la fortuna de acompañar a una pareja y éste fue el plan que ellos con todo cariño e ilusión prepararon. Me es muy grato compartirles que sus deseos fueron cumplidos y respetados por el equipo médico y las enfermeras que los atendieron durante el nacimiento.

Se caracterizó por un ambiente de respeto, tranquilo en donde por momentos sólo escuchábamos la respiración y la vocalización de la madre. El sonido  ligero y relajante del agua en la tina para mantener la temperatura adecuada. Algunos susurros del padre que la animaban y reconfortaban. Los celulares se quedaron en el olvido y quizá por ser de madrugada, sólo estábamos los que teníamos que estar. Las pocas palabras del médico sólo fueron para alentarla y las mías, su Doula, para sugerir por momentos algunas posiciones y animarla.

El ambiente le permitió soltarse y abandonarse en sus sensaciones y bañada por las hormonas del parto fuimos testigos de la llegada de Elisa.  Sin prisas, todos pudimos presenciar el milagro de la vida. El rebozo, la silla de parto, los masajes, el agua........fueron sus aliados.

La pediatra también conocía su plan de parto y se respetó en su mayoría ya que Elisa presentó algunos problemas en adaptarse con la respiración. La doctora en todo momento les explicaba lo que sucedía y cuando consideró oportuno permitió el contacto piel con piel.

Los invito a que todos los futuros padres preparen su plan de parto, compártanlo con sus médicos y sean ustedes las protagonistas del nacimiento de su bebé.

Patricia 

El nacimiento de Mariam

Después de que intentamos por más de 48 horas que el parto fuera natural, Mariam tenía otra idea sobre cómo quería llegar al mundo y tuvimos que recurrir a una cesárea humanizada. Aquí les compartimos el vídeo de su nacimiento.


Días después del nacimiento pedimos visita a casa con Diana quien ha sido un apoyo magnífico porque la lactancia no es tan intuitiva como pareciera. Creo que Diana es una estupenda adición a su equipo. De hecho, pienso incorporarme a su grupo de “Crianza Consciente ” de los miércoles en Huertas.
Abrazos y nuestros mejores deseos en los partos de nuestros compañeros del curso en “Experiencia”.
 Mariam, Henio y María 

El nacimiento de Rodrigo

El nacimiento de mi hijo Rodrigo fue sin duda mi mayor reto y el mejor, donde conocí verdaderamente mi capacidad de fortaleza, paciencia, concentración y empoderamiento. El parto para mi fue conjugar al máximo mi estado físico y espiritual que no había experimentado.

El haber tomado el curso impartido por grandes personas; como Guadalupe y Mercedes, en el que a parte de aprender y obtener valiosa información para decidir de qué manera queríamos vivir nuestro parto, conocimos a increíbles personas que fueron el mejor equipo de trabajo y quienes en todo momento mostraron respeto, paciencia, complicidad y mucho amor por su profesión.

Gracias Ana por tu acompañamiento en todo momento y entrega en los últimos momentos, que ayudaron a calmarme y volver a retomar mi capacidad de concentración. A José Luis Larios por ser un médico excepcional que respeta y cree en la naturaleza de la mujer y a la Dra. Penélope que es una extraordinaria pediatra. 

Y sobre todo, gracias esposo Rodrigo por estar conmigo, por compartir esta gran experiencia de transición que nos hizo padres, porque fuiste el mejor acompañamiento y apoyo que tuve, porqué sé que tú también sentías y porque creíste en tu bebé y en mí. Te amo infinitamente. Gracias por esa complicidad que nos une en todo momento. 

No tengo más que agradecer a Dios por permitirme ser madre, conocer gente increíble y contar con un esposo excepcional.

Johana


El haber tenido la oportunidad de tomar el curso en “Experiencia" nos permitió tener toda la información necesaria para que todo fuera maravilloso. Gracias infinitas a Ana por su ayuda, por llevar siempre de la mano a mi esposa Johana a que esto fuera un éxito, por enseñarnos que no existe dolor tan grande que pueda superar el amor a un hijo. Gracias a mi esposa Johana por permitirme vivir cada momento a su lado y demostrarme que es una guerrera que jamas se da por vencida. Gracias a todo el equipo del Dr. Jose Luis Larios que siempre trataron con todo respeto y amor, a mi bebe y a mi esposa.

Rodrigo 


Y para nosotras queridos Johana y Rodrigo, queda agradecer la confianza depositada en nuestro grupo. Estamos convencidas de que todo lo que necesitan las parejas embarazadas cuando llegan a “Experiencia” es sentirse en el espacio de respeto y apoyo genuinos que merecen cuando están esperando el nacimiento de sus hijos.

Es realmente hermoso observar la manera como se transforman los miedos con los que llegan al curso. La manera en la que los padres movilizan sus energías y las encausan en la búsqueda de quienes realmente quieren a su lado para esta Experiencia de vida que es la de convertirse en padres.

Desear con ilusión que llegue el día del parto en lugar de temerle para que de una vez acabe lo que se teme, es uno de nuestros propósitos; y por lo que ambos expresan, la misión se ha cumplido.

Fue un gusto haberlos acompañado en el nacimiento  de Rodrigo y ser testigo y admirador de su entrega, su fortaleza, su amor y el trabajo armónico de todos los que tuvimos el privilegio de estar con ustedes.

Felicidades y gracias por haber confiado en nuestro trabajo.

Guadalupe, Mercedes y Ana.

 

EL HERMOSO CAOS DE TENER A UN BEBÉ EN CASA

No hay nada más gratificante que poder observar cómo una mamá y un bebé se conectan, se sienten, se enamoran… Esto es lo que se logra cuando recurren a nosotras y en la visita posparto nos dan la oportunidad de ayudar a una mamá a encontrarse con su maternidad y a tener la confianza y seguridad que necesita…

Gracias a María, Pablo y al pequeño Javier por compartir su historia.

Patricia y Ana


EL HERMOSO CAOS DE TENER UN BEBÉ EN CASA

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El 22 de enero a las 10.28 de la noche nació nuestro hijo Javier. Nada se compara con la emoción y alegría que vivimos ese día.

La primera noche todo fue felicidad y tranquilidad. Javier estuvo con nosotros hasta las 4 de la mañana y posteriormente se lo llevaron a los cuneros a terminar de pasar la noche. Nosotros aprovechamos para descansar y amanecimos temprano con mucha ilusión de volver a ver a nuestro bebé.

Javier se portó muy bien durante todo el día. No lloraba y al parecer comía muy poco. Creímos habernos librado de todas aquellas historias que nos platicaban los amigos, de bebés que no paraban de llorar al tener hambre.

Llegó la noche y la enfermera del hospital nos preguntó si queríamos dormir con nuestro bebé en el cuarto o si preferíamos que se lo llevaran a los cuneros. Nos recomendó ampliamente lo segundo, pero eran tantas las ganas de no separarnos de Javier, que ni siquiera contemplamos esa opción. Hasta ese momento todo eran alegrías.

Poco tiempo después de dormirnos Javier empezó a llorar. La mamá, confiada en que su hijo tenía hambre, se lo colocó en el pecho para darle de comer. Pasó el tiempo y Javier no parecía satisfacerse, a pesar de llevar ya varias horas pegado a su pecho, se notaba desesperado y cada vez el llanto era mayor. Padre y madre lo cargamos, le sacamos el aire y le cambiamos el pañal, buscando la razón por la cual Javier no paraba de llorar. Viendo sus gestos, llegamos a la conclusión que nuestro hijo seguía con necesidad de comer. Fueron horas de mucha frustración y cansancio, principalmente para la madre que veía a su hijo llorar sin parar pero que no podía satisfacerlo debido a la poca leche que creía que su cuerpo apenas comenzaba a producir. A las 3 de la mañana, nos dimos por vencidos y llamamos para pedir ayuda a una enfermera. La solución que propuso la enfermera y que terminó por calmar el llanto de Javier, fue una toma de fórmula. Agotados y desmotivados por haber tenido que usar fórmula, recurrimos al sueño para reponer ánimos y retomar la ilusión.

Las siguientes 4 noches volvieron a ser complicadas y en un par de ocasiones recurrimos a la fórmula de nueva cuenta. Los pezones de la madre cada vez se lastimaban más, volviendo muy dolorosa cada toma de leche.

Un sentimiento de impotencia y angustia comenzaba a dominarnos; a pesar de que sus pechos ya estaban produciendo leche, los pezones estaban adoloridos y lastimados, impidiendo satisfacer el hambre de Javier. Desesperados y cansados,  platicamos acerca de la posibilidad de utilizar fórmula o biberón de manera recurrente. Sin embargo, antes de tomar una decisión tan importante, decidimos buscar a Ana y Paty, que mucho nos habían ayudado en el curso prenatal de Experiencia. 

Fue la mejor decisión que pudimos haber tomado; Ana y Paty acudieron en seguida a la casa para darnos consejos acerca de cómo amamantar a Javier y cómo reparar el daño en los pezones. Nos ayudaron a recuperar la confianza perdida y la ilusión de poder amamantar nuevamente.

Hoy se cumplen dos semanas del nacimiento de Javier y podemos compartirles que los momentos de impotencia y frustración que vivimos en los primeros días, hoy son momentos de unión, amor y cariño.

Ana y Paty: muchas gracias por estar cerca y por las enseñanzas y el cariño que nos dieron.

Un beso,

María, Pablo y Javier

Quiero un parto en casa

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“Quiero parto en casa”…frase que en la mayoría de las personas causaba sentimientos de miedo, fantasías de irresponsabilidad, dudas. Algunos simplemente pensaban que había perdido la cabeza, cosa que sucedió hace ya muchos años. ¿Por qué quería parto en casa? Se preguntaban todos, a lo que yo contestaba “¿y porqué querría irme a un hospital si todo está bien?” Parir no es una enfermedad que haya que curar, parir no tiene riesgo si todo ha sido sano y saludable. Al contrario, parir es intimidad, es gozo, es movimiento, es danza, es deseo, es ser uno mismo… parir es en el calor del hogar. Algunos creen que parir en casa es sinónimo de irresponsabilidad porque imaginan que en ese escenario no habrá ningún profesional, pero ello no es así. Nosotros nos dimos a la tarea de conocer y entrevistarnos con varios profesionales de parto en casa, estudiamos las alternativas entre ginecólogo o parteras. Y creo que al final tuvimos al mejor equipo para parto en casa: –       Dos parteras maravillosas, profesionales de la salud a las que con los ojos cerrados dejé en sus manos mi salud y la de mi bebé –       Una doula que más que doula fue mi coach, mi guía –       Una mamá que no me dejó ni un instante –       Dos amigas colegas cuya ayuda fue indispensable –       Y la parte más importante del equipo, mi esposo, que parió conmigo y mi hija mayor que ahora sabe más de un parto que cualquier niño de su edad Si bien había tenido dos partos humanizados completamente naturales y no intervenidos en un hospital, este parto fue algo especial, tan especial que el escribirlo me provoca un nudo en la garganta. A pesar de ser mi tercer bebé, éste fue el único embarazo que llegó a las 40 semanas, cosa que en otros tiempos me habría puesto muy nerviosa. Justo el día 40 a las 10 pm empezaron las contracciones. Éste ha sido el trabajo de parto más largo de los tres, casi 25 horas, sin embargo fueron 25 horas amables, suaves, en las que tuve tiempo de irme preparando. Dormí, caminé de la mano de mi esposo, jugué con mi hija, vi películas. Las contracciones eran intensas pero duraban muy poco (10 a 15 segundos) y no tenían una frecuencia significativa; tenía una cada 30 ó 40 minutos. A decir verdad yo estaba segura que el parto no sucedería en las siguientes horas. Esas contracciones no se parecían en nada a las de los partos anteriores.  Sin embargo mi equipo no me quiso dejar sola y decidieron llegar desde el sur de la ciudad a mi casa aunque el parto no fuera inminente.  Para mi sorpresa ya empezaban la dilatación y el borramiento, esas contracciones cortas, espaciadas, pero intensas, iban jugando a mi favor. Y así fui trabajando una a una con mi doula y mi esposo.  Una contracción cada 20 ó 30 minutos, pero cada una bien trabajada, buscando posiciones en las que la pelvis estuviera libre para moverse… fueron pasando las horas y las contracciones seguían igual de cortas y espaciadas. Jamás tuve miedo ni ansiedad, sabía que el momento llegaría a su tiempo, confiaba en mi cuerpo.  Alrededor de las 9 pm del siguiente día mi partera me pidió revisarme para ver el avance, yo esperaba feliz unos 4 cms de dilatación pero la sorpresa fue absoluta para todos cuando dijo: 7 cms!! En ese momento fue como prender un switch a transición, todo cambió. El inflado y llenado de la tina… cubetas iban y venían. Mi esposo adaptó todo en dos segundos para tener la música que yo había elegido, aromaterapia, luces apagadas. Yo veía a todos correr… mientras yo sentía cada contracción. La presión en el piso pélvico ya era fuerte y el dolor en la espalda baja era muy intenso. Mi cuerpo me pedía sentirse ingrávido, necesitaba colgarme literal, sentir que le daba espacio a mi matriz, a mi bebé, y que mis piernas no hicieran fuerza alguna por mantenerme de pie.  Colgarme del cuello de mi esposo mientras mi doula sobaba mi espalda, fue una danza mágica que me aislaba del mundo. En ese momento tampoco sentí ansiedad, de hecho sentía que aún faltaba, pero claramente las parteras y mi doula escuchaban mi respiración y sabían que el momento estaba más que cerca. Entrar a la tina en trabajo de parto no tiene igual, es un momento de relajación total, en donde el cuerpo se mueve fácil, en donde puedes escucharte a ti misma aislándote del mundo. Y si a eso le sumo la compañía de mi esposo en el agua… el resultado es un momento sublime. Sostenerme de él con esa sensación de pujo incontrolable sabiendo que es mi bebé quien toca a la puerta de este mundo, es el verdadero significado de parir en familia. Mi bebé llegó de una forma suave y pausada, evitando que me desgarrara. Mi adorada partera me iba guiando para no pujar con demasiada fuerza y ayudar al periné a distenderse lentamente. Y esa salida, la salida después de la sensación de pujo, es el mayor placer del parto. Tener a mi bebé en los brazos, observando todo fijamente, sin llorar pero respirando perfectamente, recargada en las piernas de mi esposo, con mi hija mayor ayudando para que no se enfriara y el resto del equipo a mi alrededor cuidándonos, procurándonos, es un momento que jamás voy a olvidar. Al salir de la tina sentía como una explosión interna, ganas de gritar y llorar. Mi partera me sostuvo por la espalda y me abrazó fuertemente… me abrazó… ¿cuándo habría yo vivido algo similar en un ambiente hospitalario? Estar en mi cama con mi bebé y mi amado inmediatamente después de parir, no tiene igual, es una unión que jamás se romperá. Mi secreto, claro que tengo un secreto, y es que jamás lo dudé. Sabía cómo quería vivirlo, confiaba ciegamente en mis parteras, en mi doula, en mi esposo, en mi bebé y en mi cuerpo. Nunca existió un segundo de miedo o ansiedad. Todos cuidaban que la oxitocina trabajara a su ritmo. Si tuviera otro parto en puerta, sin duda alguna volvería a vivirlo igual. Gracias Guadalupe Hernández, Yolanda Ilescas, Guadalupe Trueba por estar ahí, por su profesionalismo, por ser más que parteras y doulas, por ser una madre en quién depositar toda mi confianza. Gracias Rubén Galindo por apoyarme desde el principio, por nunca dudar en que sería posible cumplir mi sueño, por amarme y parir conmigo, eres el mejor doulo.

Ana Güemes

Dios nos creó perfectas… el sonido de mi cuerpo

Todo comenzó con la salida del tapón mucuoso en la madrugada. Sabía que algo comenzaba pero me rehusaba a escuchar porque aún faltaba para la semana 40. Se iniciaba la cuenta regresiva para el nacimiento de mi bebé. Permanecimos en casa todo el día, en mi embarazo no había sentido contracciones o no sabía cómo eran, pero ese día comencé a sentir algo diferente y cuando empezaron las verdaderas contracciones pude identificarlas. Llamamos a la doula (Mercedes) y a la doctora (Margarita), para avisarles lo que estaba ocurriendo. Mi doctora me dijo aún faltaba mucho pero yo sabía que no faltaba tanto. A media noche le dije a mi esposito que comenzara a preparar mi maleta, él creía que nos iríamos al hospital a la mañana siguiente pero le dije que no. El camino al hospital era largo (una hora y media) y mi papá pasó a buscarnos para llevarnos. Llegó pero estuve casi una hora más en el baño y luego dije “es tiempo de irnos”. Me acomodé en la parte trasera del auto con unas almohadas y permanecí concentrada; en cada contracción vocalizaba y entre una y otra descansaba y oraba a Dios pidiéndole que todo saliera bien. Para mí el viaje fue corto, así lo sentí. A la primera que vi al bajar del auto fue a Mercedes, en esos momentos ya las contracciones eran más intensas. Mercedes me ayudó desde ese momento y ya no se separó de mi lado. Mi doctora me revisó y me dijo que llevaba 6 de dilatación. Me sugirió tomar un baño caliente y al salir de la regadera ya estaba lista y sentía deseos de pujar. Me metí a la tina y recuerdo que mi doctora me dijo “ya falta poco para que nazca tu bebe”. Comencé a pujar, sabía cómo hacerlo, pujaba y descansaba, en esos momentos mi esposito estaba a mi lado, ya no se separó. Comencé a pujar en 4 puntos, después en otra posición y no pasaba nada, la doctora me decía que tocara la cabeza de mi bebé y así lo hice… sentí cómo bajaba pero se regresaba. Volvimos a cambiar de posición, mi esposito se metió a la tina para sostenerme pero no nacía mi bebe, en esos momentos comencé asentirme vulnerable porque ya estaba cansada pero no desistí. Intentamos más posiciones fuera del agua: en la camilla, de pie, en 4 puntos, colgada… pero mi bebé no bajaba. En el último intento yo sentí que era demasiado tiempo; algo ocurría, vi la luz del día y supe que ya había amanecido. Le dije a Dios “no puedo más, ¿qué debo hacer?“ Entonces tuve una sensación de paz en mi interior y le avisé a la doctora “vamos por una cesárea, no baja mi bebé y es momento”. En ese instante vi la mirada de Mercedes, quien fue mi apoyo al igual que mi esposito, no sé cómo explicar esa mirada, sólo la recuerdo en mi corazón. En mi interior supe que era tiempo de seguir y ese fue el último momento en que me sentí en control de la situación. Cuando comenzaron a colocarme el suero en el quirófano yo ya no podía sentir qué era lo que seguía. En cuanto me pusieron la anestesia y comenzó a hacer efecto empecé a descansar, a dormitar. Cuando abrí los ojos de nuevo vi a mi esposito a mi lado y a Mercedes detrás de él. No recuerdo mucho, había pasado 5 horas aproximadamente pujando y estaba demasiado cansada.  Traté de permanecer despierta para ver a mi bebé pero no la vi, ni siquiera la escuché llorar. Tuvo complicaciones al nacer. Mi esposito me dijo “no te preocupes, todo va a salir bien”, yo con lágrimas en los ojos le dije “ve y no te separes de ella, yo estaré bien”. Cuando terminó la cesárea Mercedes permaneció a mi lado dándome ánimos. Después, en la sala de recuperación me quedé con una enfermera y en esos momentos, con lágrimas en los ojos, le di gracias a Dios porque ya había nacido mi bebé y le pedí que la cuidadara. Algo dentro de mi sabía que todo saldría bien y pasaría pronto. Ahora sé que con este parto aprendí a ser más fuerte. Nosotros podemos trazar un camino, nos preparamos, estudiamos y creemos poner todo en orden para que salga lo mejor posible, pero Dios tiene un plan distinto para nosotros. Mi trayecto cambió en un abrir y cerrar de ojos, tuve que confiar en que todo sería mejor por el nuevo camino y así fue porque mi bebé no bajaría, venia en una posiciónincorrecta y algo dentro de mi me lo dijo. No voy a decir que me sentí feliz al dejar el camino planeado, esperado, incluso anhelado, sólo que en el nuevo camino conocí mi fortaleza, mi confianza en Dios. Sé que Él nos creó perfectas, que podemos escuchar nuestro cuerpo, podemos ser valientes para parir a nuestros hijos, podemos manejar los dolores de parto, somos capaces de ayudarle a nuestros bebés a llegar este mundo. A pesar de que no culminó el descenso de mi princesa y tuvo que nacer por cesárea, yo sé quesólo faltó el último empujón pero viví una experiencia hermosa y hoy puedo decir que lo volvería a intentarlo. Fuimos creadas para que en nuestras entrañas Dios formara a nuestros bebés y somos capaces de parirlos sin ningún temor, sólo hay que ser valientes y confiar. Les dejo muchas bendiciones futuras mamás, todo es para bien. Ángeles de

Franco

El lenguaje universal de todas las mujeres

No importa en qué rincón del planeta nos encontremos y tampoco importa cuál sea nuestra lengua materna. En todo el mundo, con cada nacimiento, escuchamos los mismos rugidos de poder, suspiros de esperanza, vocalizaciones de determinación y concentración, sonidos guturales del alma, gritos de victoria y entrega…

Esto es lo que tuve la oportunidad de presenciar la madrugada de ayer en el parto de Jodie y Ben. Una pareja norteamericana que dio a luz a la hermosa Emily en medio de esta sinfonía universal.

No importaron las barreras del idioma pues en realidad su mismo cuerpo le gritaba lo que tenía que hacer. No hubo necesidad de traducir nada, no fue necesaria ninguna explicación. Jodie, junto con otras mujeres de otras culturas, idiomas y creencias, se unió ayer a la orquesta universal en el lenguaje de todas nosotras: el canto de las mujeres dándose enteras para dar a luz.
Felicidades y gracias por permitirme ser testigo de este milagro.
Ana Maza

Conversación entre las doulas del parto de Vivian y Ricardo

MERCEDES: Qué hermoso nacimiento! Dejó en mí una huella imborrable. Vivian coordinándonos a todos mientras su bebé nacía en casa antes de la llegada del médico. Uno de los partos más bellos que me ha tocado presenciar! La confirmación plena de que la mujer está preparada para parir y que el nacimiento es un evento natural y maravilloso. Yo sosteniendo la luz, tú sosteniendo al bebé, el papá cuidando el entorno y la mamá encargándose del resto… Perfecto! GUADALUPE: Querida Mercedes, la mamá nos coordinaba a todos los presentes, al tiempo que sentía que su bebé iba a nacer y el tiempo no se iba a detener!!! Aún recuerdo como yo sentía que el celular me vibraba en la bolsa del pantalón… yo sabía que era el médico tocando la puerta… Y todos ocupados en ayudar a Vivian en el nacimiento!

Un caos maravilloso

Les cuento que Luis Andrés está muy bien tomando leche de mami, ha subido de 2.200 a 3.700 más o menos en dos meses. Justo hoy los está cumpliendo. También lo hemos tenido como bebé canguro en contacto con mami o papi casi todo el tiempo y por ahora duerme con nosotros. En fin, llegó para hacer un ‘caos’ maravilloso de nuestras vidas.
Besos, Paty

Una lágrima

Yo siempre había querido tener un parto natural, afortunadamente encontré al doctor Jesús Luján, quien está a favor del parto humanizado y al cual agradezco haber estado conmigo en el nacimiento de mi hija y haberme puesto en contacto con Guadalupe Trueba que reforzó mi confianza en mi capacidad para parir. La llegada de Nicté fue larga, recuerdo que justo el día que estaba programada la inducción porque no podíamos seguir esperando, se me rompió la fuente y ahí empezó todo. Nos fuimos a caminar al lago de Chapultepec y comencé a sentir un dolor muy fuerte. Le dije a Luis (mi esposo) y a mi mamá, quien nos acompañaba, que ya había comenzado el parto. Cuando llegue al hospital me revisaron y llevaba 6 cm de dilatación!!! Había avanzado mucho. En ese momento le llamamos a Guadalupe que llegó muy rápido. El primer consejo que me dio fue meterme a la regadera, luego me recomendó tomar diferentes posiciones hasta encontrar la que me hiciera sentir mejor, tras probar varias encontré la más adecuada y ahí me quedé. Cuando ya no podía más y tenía la necesidad de que mi bebé naciera, me puse a vocalizar y eso fue de gran ayuda… después de un rato dejé de escuchar y de ver, me perdí en cada contracción y me concentré tanto que dejé de sentir el paso del tiempo. Toda mi atención estaba en sentir cómo Nicté iba abriendo mi cadera y lo que tenía que hacer para ayudarla a nacer. Por fin llego el gran momento, con 10 cm de dilatación pude entrar a la tina… todo fue mucho mejor cuando me metí al agua calientita. Las luces apagadas y la compañía de Luis me ayudaron a tomar fuerza. Tras pujar en varias posiciones el doctor me dijo “ya está muy cerca, tócate para que sientas su cabecita”. Lo hice y ahí estaba, pujé un poco más y el momento más maravilloso de mi vida llegó… vi nacer a Nicté. Doy gracias a Dios por dejarme vivir esta maravillosa EXPERIENCIA y al gran equipo que estuvo alrededor de mí en ese momento. Sé que la decisión de haber tenido a Nicté en agua fue la mejor manera de iniciar su vida en este mundo.

Gabriela

Un parto con el que soñaba

Nuestro segundo hijo cumplió un mes el día de ayer. Su parto fue realmente hermoso y se debe en muy buena parte a la presencia de Guadalupe y Mercedes, así como a la del doctor Celaya. Hace dos años y medio, cuando nació nuestro primer bebé, no tuvimos la suerte de contar con personas tan bien formadas y tan amorosas para asesorarnos. Después de dos días y medio de contracciones, llegué al hospital para empezar el proceso de un parto natural y, por razones que todavía no me quedan claras, tuve que pasar al quirófano a que me hicieran una cesárea. Mi primer hijo la pasó bastante mal en el momento de nacer y yo también. Por eso tenía bastante miedo del segundo parto. Me habían dicho que lo más probable es que también tuvieran que hacerme otra cesárea. Tomé el curso prenatal con Guadalupe y Mercedes, decidida a poner todo lo que estuviera en mi poder para poder tener un parto en agua, sin anestesia, tal y como me hubiera gustado que fuera el primero. Ahí aprendí mucho acerca de los recursos que las mujeres tenemos para estar relajadas y para apoyarnos en el momento en que empieza el trabajo de parto. Fue muy interesante y útil. Sin embargo, creo que lo mejor fue haber contado con el acompañamiento de ellas dos en el momento crucial, ya en el hospital y las horas más próximas al nacimiento de mi bebé. Su presencia fue un apoyo enorme para mí. Se aseguraron de que me sintiera en confianza y protegida en todo momento y de que el entorno fuera exactamente el que yo necesitaba para poder dar a luz tal y como yo lo quería. Poco a poco, con sutileza y sin intromisión, me fueron guiando en las contracciones y me ayudaron a atravesar el dolor como si se tratara de olas en las que puedes subirte y flotar sin dejar que te revuelquen. Todas las mujeres deberían poder contar con esos recursos en ese momento tan delicado y en el que estamos tan vulnerables. Les doy las gracias de todo corazón y deseo que más gente pueda beneficiarse de su sabiduría.

Guadalupe Nettel

Gracias Experiencia

Primero que nada quiero felicitar a Experiencia por el excelente trabajo que realizan todos los días para ayudarnos. La verdad debo confesar queal principio yo era uno de esos típicos maridos muy escépticos acerca de tomar el curso psicoprofiláctico, pues pensaba que todo sería una gran pérdida de tiempo y mi mujer tuvo que llevarme casia rastras,  para ir a la primera clase. Las primeras dos clases sufrí mucho, porque sentía que los conceptos que nos estaban dando, no necesariamente correspondían con lo que yo pensaba que iba suceder en el parto o cuando naciera mi bebé; sin embargo con el paso de las clases me fui dando cuenta que las herramientas que nos brindaron, iban a ser muy útiles cuando llegara el momento. Hoy, cuando mi bebé ya tiene tres meses de edad, les puedo decir que realmente todo lo que vimos en el curso, es algo muy práctico y útil tanto en el día del parto, como durante los primeros meses. De manera especial quiero felicitar y agradecer profundamente a Guadalupe Trueba quien es un gran ser humano y una excelente instructora, porque a pesar de que yo fui uno de esos participantes incómodos que todo cuestionan y frecuentemente objetan, ella siempre nos apoyó, especialmente el día que nació mi bebé ( 20 dic 2011), ya que ese día después del parto, empezamos a tener el típico problema de lactancia y decidí llamarla para ver si nos podía ayudar, y a pesar que eranlas fiestas de fin año, ella muy amable como siempre, me contestó y me dijo que llegaba en 10 minutos por que andaba por el rumbo, lo que yo no sabía es que tuvo que salirse de su comida de fin de año para ayudarnos. Sin decirles mentiras, llevábamoscerca de dos horas tratando de que la bebé tomara la leche materna sin ningún éxito y ni las enfermeras, ni mi esposa, ni yo, ni siquiera mi suegra lo logramos, las enfermeras ya hasta habían traído las famosas pezoneras y ni así pudimos lograr que la bebé se enchufara en el seno. Encuanto llegó Guadalupe, de inmediato sentimos un gran alivio al verla, después, la realidad es que se hizo dueña de la situación y como por arte de magia después de dos o tres minutos, Guadalupe logró que María Julia, nuestra bebé, empezara a tomar la leche materna. Para todos aquellos maridos que probablemente van a tener a su suegra ese día en el hospital queriendo dar instrucciones, les puedo decir que Guadalupe también es un experta manejando esas situaciones, pues con mucha amabilidad y tacto le explicó a mi suegra cómo debían ser las cosas respecto a la lactancia actualmente, lo que me hizo sentir muy apoyado y tranquilizó mucho a Pili mi mujer. Desdeesa fecha hasta el día de hoy María Julia sigue creciendo y la verdad estamos muy contentos y agradecidos por todo lo que Experiencia y en especial Guadalupe hicieron por nosotros, por lo que les recomendamos ampliamente elcurso,  porque la verdad es algo muy útil, en especial para los que somos papás por primera vez.

Saludos! Fernando Streber

El nacimiento de Fernanda

Raúl y yo estábamos muy ilusionados en tener un parto natural. Nos habíamos preparado durante semanas en el curso y estábamos convencidos que era la mejor opción para los 3. Al principio fue difícil aceptar el parto natural completamente debido al miedo y la incertidumbre de cómo sería, pero semana a semana nos fuimos convenciendo de que era lo mejor para que naciera nuestra bebé. Los chequeos de rutina con el ginecólogo iban de maravilla. La bebé estaba saludable y de cabeza desde el 7o mes. Lo único que faltaba era esperar a que se encajara y empezar el trabajo de parto. Al cumplir la semana 39 sentí dolores muy intensos en el vientre bajo y empecé con pequeñas contracciones, muy irregulares y sin aumentar la intensidad. Llamamos a nuestro doctor quien nos dijo que fuéramos al hospital pero debido a que los dolores desaparecieron y el movimiento de la bebé seguía siendo constante y normal no asistimos. Pasó otra semana sin nada de contracciones y un día antes de cumplir las 40 semanas asistimos nuevamente al doctor. Al buscar la cabeza de la bebé en el ultrasonido se dió cuenta que estaba sentada, no se había encajado y en lugar de eso se había ido hacia arriba. Aunado a esto, el ritmo cardiaco de la bebé había disminuído y nos sugirió programar una cesárea para el día siguiente. Nos dijo que era mejor para la salud de la bebé y obviamente no quisimos arriesgarla. Fue un golpe bastante fuerte para mí pero gracias al apoyo constante de mi esposo tomé valor y nos decidimos a programar la cesárea para el 25 de febrero del 2012. Toda la experiencia fue algo totalmente nuevo ya que nunca había estado hospitalizada en mi vida y no sabía nada de hospitales hasta ese momento. El procedimiento fue muy rápido, creo que más tardamos en llegar al hospital y prepararnos que en tener entre nuestros brazos a nuestra hija. Afortunadamente hablamos con el doctor antes y le pedimos que aunque fuera nacimiento por cesárea nos dejara tenerla piel a piel y que intentara prenderse al seno. Fue maravilloso poder escucharla y verla por primera vez. Mi esposo estaba atento a todo lo que le hacían, a dónde la llevaban y me contaba paso a paso lo que estaba sucediendo. Una vez que estaba limpia y envuelta la pasaron a mi lado y pudo prenderse al seno casi inmediatamente. Creo que esta fue la razón de tener un inicio de lactancia exitoso. El alojamiento conjunto que tuvimos en el hospital nos ayudó a darnos cuenta de todo lo que podía pasar en casa con la pequeña diferencia de que en el hospital nos resolvían nuestras dudas al instante. Fue muy bueno hacer esto ya que no llegamos tan en blanco a casa con la bebé. Las primeras horas de nacida fueron difíciles, en el sentido de que no comía y nos preocupamos ya que decían que no debía pasar más de 4 horas sin alimento. Eso aunado a la presión de familiares hizo que nos decidiéramos a darle su primer trago de fórmula (en un vasito). Horas después y con malavares pudimos lograr que la bebé se prendiera del seno y comiera normalmente. Fue la primera y única vez que tomó fórmula y hasta el día de hoy toma exclusivamente leche materna. El apoyo que tuvimos de todas las personas que conocimos en el curso fue primordial. Es increíble todas las dudas que uno tiene al principio y siempre es bueno poder contar con alguien de tanto conocimiento. Agradecemos profundamente a Guadalupe, Mercedes, Ana y María Elena quieres con su tiempo, dedicación, apoyo, empeño y cariño nos ayudaron en esta nueva etapa de nuestras vidas. De todo corazón gracias por todo

Ana y Raúl Del Puerto

El vínculo que jamás se rompe

Soy Gustavo y soy medico traumatólogo. Cuando nos enteramos que mi esposa estaba embarazada ella estaba a la mitad de su carrera como InstructoraPerinatal. Ella me hablaba de las ventajas de un parto no medicado, respetado y con las menos intervenciones posibles. Lo cual para mi como médico era inimaginable, simplemente yo no podía imaginar siquiera el escenariode un parto sin anestesia y sinlas rutinas médicas que yo había aprendido en la escuela. Un día, me pidió que la acompañara a una clase, y fue ahí cuando conocí a Guadalupe, ese día hablaron del parto en casa, y jamás voy a olvidar los testimonios que escuche, las palabras de aquellas mujeres felices y orgullosas contando su hermosa experiencia, nada parecido a lo que yo había visto tantas veces en un hospital. Saliendo esa noche, sentí una necesidad por primera vez de investigar sobre eso que mi esposa tanto me había querido explicar y yo no había querido entender. Comencé a informarme y descubrí todos los beneficios tanto para la madre como el bebé  que se obtienen con un parto sin agresiones o intervenciones innecesarias. Una semana después, llego el gran día. Yo estaba en el consultorio cuando mi esposa me llamó para avisarme que el trabajo de parto había iniciado, Recuerdo que yo esperabaverla intranquila, temerosa… se me hacia mucho para que mi mujer lo pudiera soportar, (ella que es tan delicada, decía yo). Pero cuando entré al cuarto y la vi, encontré una mujer serena, concentrada, que metransmitió una pazinexplicable. Después me pidió sentarme a su lado y contracción tras contracción me hizo parte de ese proceso. Pude darme cuenta de lo fuerte y poderoso que es el cuerpo de una mujer y al verla tan entregada a ese momento no podía evitar que salieran lágrimas de mis ojos.  Comprendí entonces, que quien menos dominio tenía en esa sala, era mi conocimiento médico. Desde ese momento me convencí de que el parto es un proceso natural, único y que el vínculo que ahí se inicia, no se rompe jamás. Vale la pena vivirlo plenamente y como el protagonista de la escena. Ahora estamos felices con nuestra bebé, y esperamos con ansia la llegada del próximo.  Agradezco a Dios la oportunidad de vivir una experiencia así y el privilegio de tener como esposa a un ejemplo de mujer.

Gustavo

Se acerca el tiempo

Se acerca el tiempo de volver a la rutina, de lidiar con el tráfico, de pintarse la pestaña y ponerse los tacones, de escuchar sobre números y hacer como que entiendo, de levantarnos cuando el despertador lo ordena, de esperar con ansia los fines de semana…se acerca el tiempo y no quiero irme de aquí, no quiero perderme tu sonrisita cuando despiertas y tus pláticas sobre como es el cielo y los encuentros con tus abuelos y con la chamana Denisse, se acerca el tiempo de dejarte con mochila lista para conocer este mundo y de esperar las tardes solo para verte … Se acerca el tiempo y aparecen sentimientos encontrados… Lucho con vivir de pintar tenis o hacer poemas y escaparme con ustedes a esa tierra prometida donde solo hay árboles, perros, gatos y flores…y también lucho con lo lento que pasa el tiempo estando tu y yo solos en casa , sobre todos los lugares del mundo que quiero que conozcas y el dinero que implica, pienso en una casita nueva como las del Olivarito llena de árboles viejos y ardillas y olor a fresco y los muchos pesos que tendremos que juntar para comprarla y entonces mi cabeza se aturde más y no se decide… No quiero que nos coma la rutina en este lugar donde todo es de prisa y a veces hasta pasa desapercibido. Se acerca el tiempo y sigo sin saber que hacer…

Carmen Lucía Amezcua