Los temas serios comienzan con la maternidad
Definitivamente, la llegada de Cloé ha sido para nosotros la experiencia más extraordinaria de nuestra vida.
Desde que supe que estaba embarazada hice todo para cuidarme. Comer bien, hacer ejercicio, dormir bien, obtener lo más de información para elegir a los doctores, hospital y doula que nos parecían mejor para nosotros. Todo aquello que podíamos planear y controlar lo hicimos. Pero todo ese tiempo sabíamos que a la hora del parto podría pasar lo que fuera por la posición del bebé, su salud, etc. Pero gracias al curso y al acompañamiento nos sentíamos con la confianza y seguridad de que estábamos en buenas manos.
El curso de preparación al parto con Patricia y Ana no solo nos dieron información, sino que conforme iba pasando el tiempo nos sentíamos mas seguros y afortunados de poder elegir tener un parto natural.
Estábamos convencidos de querer una doula para que nos acompañara en el parto. La verdad antes de elegir a una, fuimos a conocer a tres distintas. Sin embargo en cuanto conocimos a Ana, sentimos que era ella quien nos inspiraba confianza. Por azares del destino, Ana no pudo acompañarnos y tuvimos la fortuna de que fuera Patricia nuestra doula. La experiencia, seguridad y calma que tienen Patricia nos transmitieron en todo momento una tranquilidad y confianza para poder enfrentar cualquier cosa que pasara y nunca sentirnos solos.
Todo comenzó en la semana 38, empecé con contracciones el lunes 7 de mayo a las 3 de la mañana. No volvieron mas, pero decidimos hablar a la doctora y a Patricia. A las 10 de la mañana fuimos a la cita con la doctora quien nos confirma que empezamos labor de parto, pero que podía durar varios días o podía nacer ese mismo día. Nos comentó, que la única cosa por hacer era ser pacientes y esperar tranquilos en casa. Siguiente paso fue ver a Patricia para preparar el parto. Así que esa misma mañana nos vimos para platicar.
Después, estando tranquila en casa, recordé del curso la recomendación de enfocarse en hacer cualquier cosa para liberar oxitocina y así agilizar el parto. Por lo que mi esposo y yo tuvimos una sesión de cariños con lo que no tardó mas de una hora para romper fuente. Y ahora sí, a las 8 de la noche, las verdaderas contracciones comienzan.
Avisamos a Patricia y a la doctora, quienes ambas sugirieron que me quedara en casa hasta que fuera el momento adecuado. En todo ese tiempo recordé las posturas que vimos en clase que podían ayudar a que el bebé se fuera acomodando y para calmar el dolor (pelota de Pilates, cuclillas en el escusado, meterme a la regadera, hincada, etc.) Pero lo que más me sirvió y nunca creí hacerlo fue vocalizar. Grité como nunca en mi vida me hubiera imaginado. Mi esposo, Antoine, me hizo sentir completamente cómoda y acompañada, cuidando que todo el ambiente estuviera tal cual lo habíamos planeado.
Hasta que empecé a sentir ganas de pujar, por lo que ahora sí le dije a todo el mundo que me iba al hospital sin importar lo que me dijeran. Lo bueno es que nos queda a 5 minutos en coche, los cuales se me hicieron eternooos.
A las 10 de la noche llegamos al hospital. Tanto la doctora como Patricia ya estaban ahí, lo cual nos dio mucha seguridad. Luego luego me checaron para ver cuantos centímetros tenia de dilatación y asegurarnos que la bebé estaba bien. Todo iba perfecto y ya teníamos 6 centímetros de dilatación.
Con contracciones muy dolorosas me instalé en la regadera, pero en esta ocasión ya no soportaba el agua que caía sobre mi cuerpo, por lo que me quedé hincada recargada en la silla un buen rato. Patricia me acompañó todo ese tiempo. Vocalizó conmigo, me dio masaje en la cintura, colocó compresas calientes, me dio agua y me decía frases alentadoras.
En una media hora, llegó la etapa de transición. Mi doctora y doula sabían que yo no quería anestesia, pero cuando llegó este momento, yo gritaba con todas mis fuerzas que me la pusieran!!!! Me checaron y afortunadamente ya tenia 9 centímetros de dilatación por lo que me sugirieron mejor meterme a la tina. Excelente idea, pues al momento me tranquilizó. Pero para mi sorpresa la etapa del puje fue otro GRAN dolor con sensación de fuego.
Yo ya no podía más, en mi cabeza pensaba que estaba yo loca por haberme metido en ésto. Pero solo escuchaba a Patricia diciéndome que con cuatro pujes mas saldría mi gorda y enfrente de mí, Antoine, quien detenía el rebozo para que yo pudiera jalarlo. Eso me dio mucha fuerza. Puje cinco veces más y efectivamente mi gorda estaba con nosotros. Una bebé chiquita y hermosa de 2.5 kg.
Luego luego me la dieron y pegaron al pecho. No cabíamos de felicidad!! Era la cosa mas bella en este mundo !!!
Agradezco antes que nada a Antoine, mi esposo quien estuvo conmigo en cada momento dándome todo el amor y seguridad que necesitaba. También agradezco a Patricia y a Ana por su dedicación, profesionalismo y entrega ; así como a mi doctora y mi pediatra quienes respetaron nuestros deseos.
Ahora sí, los temas serios comienzan con la maternidad!!