El rayo de la Vida

Por Ana Maza

Ella solo sintió como el agua tibia le mojaba las piernas. La tomó completamente por sorpresa pero se alegró.

No sentía dolor ni nada de todo aquello que se imaginó que pasaría.

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Transcurrieron las horas esperando que algo cambiara; que algo así como un rayo fulminante le atravesara el cuerpo... pero nada.

A veces sentía algo de tensión en el vientre, o era la bebé que se movía?.

Otras veces la tensión parecía venir de la espalda baja. O sería que había dormido en una mala posición ? No había nada claro excepto el enorme deseo de que algo sucediera.

Y como a veces ocurre, comenzaron a rondar por su cabeza y su alma, la historias y los fantasmas de las amigas, la hermana, la madre a quienes les había pasado algo similar y todo había terminado de una forma que ella no deseaba.

Al día siguiente decidieron junto con su médico ayudarla a comenzar con el parto.

La revisaron a ella y a su bebé nuevamente y después de asegurarse de que las dos estaba bien, nos preparamos para lo que creímos que sería como el rayo fulminante que estaba esperando.

No pasó nada en realidad y siguieron pasando las horas en las que nos reímos, platicamos, comimos, bailaron, se relajaron, probamos un sinfín de posiciones y estrategias esperando que en algún momento ayudaran a que su bebé se apoyara con fuerza y determinación y provocara las tan ansiadas contracciones.

Una dosis más de medicamento y más horas que iban y venían y las contracciones se negaban a instalarse.

Fue hasta la tercera dosis que las contracciones se hicieron sentir con toda su fuerza.

Surgió en ella la energía poderosa que llega con las contracciones. Rugidos, balanceos, maldiciones, sonidos que salen desde lo más profundo resonaron en todo el cuarto mientras su pareja sin dejarla sola un solo instante, la alentaba, la acariciaba, la sostenía y soportaba los embates de la marejada. Como un barco resistiendo en la tormenta el ir venir de olas enormes y constantes que lo hacían mecerse peligrosamente.

Ella necesitó un descanso. Una pausa que le permitiera encontrar su centro nuevamente y que le diera un respiro después de tantas horas de trabajo intenso.

Pudo hasta dormirse un poco.

Solo hizo falta una hora para que todos nos quedáramos sin palabras al darnos cuenta que su bebé estaba por nacer. El rayo fulminante la atravesó. Así de potente, de poderoso, de rápido, de cegador, de atronador.

La vida se hizo presente así, contundente, fulminante, avasalladora y en unos instantes estaba su nena en sus brazos y su pareja llorando emocionado. Se quedaron los tres abrazados recuperando el aliento después de haber sido atravesados por el rayo de la vida.

Ana Maza

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