Por Mercedes Campiglia

 

El contacto con la piel húmeda y tibia del bebé cuando nace es una experiencia hermosa que a ninguna mujer debería arrebatársele de no existir una poderosa justificación para ello. Es en el pecho que la madre reconoce y huele a su cría, cuenta sus deditos y le consuela tras el viaje, a veces intenso, que el nacimiento representa. El momento del primer contacto fuera de la panza entre estos dos que acaban de dejar de ser uno mismo no sólo es hermoso, es necesario, pues sus cuerpos siguen conectados aún de formas sutiles que hacen que uno resulte para el otro el complemento perfecto. La madre tendrá menores posibilidades de presentar una hemorragia si conserva a su bebé en el pecho y al bebé le será más sencilla la adaptación a un medio que le resulta por completo ajeno.

 

A pesar de ello vemos una y otra vez que las madres y sus hijos son separados porque así lo indican las políticas hospitalarias. La separación conceptual que se establece entre la madre y el niño en el modelo de atención medicalizado del parto, advierte Cecil Helman, se traduce en prácticas como la asignación de médicos diferentes al cuidado de cada uno y puede observarse también cotidianamente en la rutinaria separación de los bebés de sus madres. Se les separa argumentando que resulta necesario proporcionar calor a los bebés en camas térmicas para ayudarles a regular la temperatura porque su cuerpo no es aún capaz de hacerlo por sí mismo; pero está demostrado el hecho de que el cuerpo del bebé puede regular la temperatura, mejor que en ningún otro sitio, en el pecho de su madre.

 

Interesantes estudios se han realizado al respecto por neonatólogos como Nils Bergman, comprobando el deterioro de la salud que de hehco ocurre cuando los recién nacidos son separados del pecho de sus madres para ser colocados en “vientres plásticos”, desconociendo la complementariedad que existe entre los organismos de la madre y el niño en el posparto temprano: “Cuando un bebé y su madre son separados al nacer, ambos parecieran experimentar una especie de crisis de abstinencia; el bebé llora y la madre tiembla hasta que el niño es puesto en su pecho”, afirma Guadalupe Trueba, quien ha acompañado cientos de nacimientos. Al colocar al recién nacido sobre el cuerpo de la madre no sólo se le ayuda a regular la temperatura de manera mucho más eficiente que por medio de una máquina, se favorece la colonización de su organismo por las bacterias de la madre para las cuales el bebé recibirá anticuerpos a través de la lactancia y se fomenta el establecimiento del apego temprano:

 

Las investigaciones efectuadas en los diez últimos años nos permiten afirmar que en el contacto piel con piel, su hábitat normal, es el recién nacido mismo quien atiende sus propias necesidades, y no la madre o el personal sanitario. La oxigenación de la criatura mejora en el contacto piel con piel, hasta el punto que se utiliza satisfactoriamente para tratar angustias respiratorias. Las criaturas que pasan de la incubadora al contacto piel con piel presentan un aumento de la temperatura, y su estabilidad se mejora notablemente. (Ludington-Hoe et al, 1996). La nutrición mejora gracias al respeto a la capacidad de la madre de dar de mamar, y al respeto a la capacidad de la criatura de nutrirse. Las criaturas nacidas a término, en un parto no medicalizado, a las que se las deja sobre el pecho de sus madres sin ser molestadas, tomarán el pecho espontáneamente en la hora que sigue al nacimiento, sin ninguna ayuda (Widstrom et al, 1987). El recién nacido ejerce una estimulación sobre la madre que induce el comportamiento maternal y la protección. La inmunidad de la criatura mejora de manera todavía perceptible al cabo de los seis meses (Sloan et al, 1994). Otros efectos positivos del contacto piel con piel en la madre, son entre otros, una vinculación más fuerte a la criatura y una mejor curación de los problemas emocionales ligados al parto prematuro.  (Bergman, 2005).

 

Seguimos separando a los bebés de sus madres porque en la concepción de nuestra sociedad individualista se los concibe como unidades independientes y autónomas. Vivimos en un mundo que desconoce la importancia de los lazos que nos atan a unos con los otros creando una red que nos sostiene. “Las necesidades básicas fisiológicas de un bebé recién nacido pueden resumirse en una sola frase: Un Bebé recién nacido necesita a su madre”, afirmó Michel Odent en una conferencia en su más reciente visita nuestro país que tuvo lugar en febrero de 2015.

 

Por otra parte, las mujeres experimentan con gran dolor la separación de sus hijos tras el nacimiento de modo que esta práctica, además de impactar negativamente en la salud, impacta emocionalmente en las mujeres que acaban de parir. La Secretaría de Salud en su “Guía de atención para la vigilancia y manejo del trabajo de parto en embarazo de bajo riesgo” recomienda el contacto piel a piel inmediato (Secretaría de Salud 2014). La OMS, por su parte, tras una revisión de 30 estudios que comprendieron 1,925 participantes concluye que el contacto piel a piel temprano favorece la lactancia, ayuda a la regulación de temperatura del recién nacido, reduce el llanto y la glucemia (Saloojee, 2008). Sin embargo, la práctica habitual en México sigue siendo la separación. Paula, quien tuvo a su bebé por parto en la Clínica cuatro del IMSS cuenta: “Nada más le di un beso y se lo llevaron (…) Hasta el siguiente día que salí me lo dieron. Ahí no me lo dejaron tener (…) Lo veía detrás de una ventanita”. Para Alejandra, que tuvo cesárea, la separación fue aún más prolongada: “En lo que ellos me estaban cosiendo yo la trataba de ver y se la llevaron (…) Yo sí estuve cuatro días por la cesárea, es lo que tarda, y a mí no me la dieron esos cuatro días (…) Nada más a través de la ventana (…) Yo sentía algo porque ya la quería cargar y todo” (Grupo de discusión, 7 de noviembre de 2014).

 

Se vuelven invisibles para la medicina las cosas que resultan invisibles para las sociedades. Si se piensa en términos de individuos y no de relaciones, no puede comprenderse la importancia de respetar el lazo entre el bebé y su madre o la importancia de que las mujeres puedan dar a luz acompañadas por la persona que ellas elijan para que las apoye en el nacimiento; no vemos la importancia de los lazos afectivos pero el vínculo es la clave, no sólo en el momento mismo del nacimiento sino de lo que vendrá más adelante.

 

Algunos psiquiatras como Ibone Olza, quien se dedica al estudio de la “psicología perinatal” desde España, recomiendan para atender casos de estrés postraumático o cuadros de depresión en el posparto a causa de una atención violenta durante el nacimiento o de la separación de la madre y el niño, promover la lactancia. La lactancia, además de proveer importantes dosis de oxitocina que ayuda al establecimiento del apego con ese bebé frente al que se puede experimentar rechazo, posibilita que un intercambio de miradas se produzca. Ello resultará fundamental para que la madre sane y para que el hijo se estructure psíquicamente de forma saludable. Lo que la lactancia opera, así como lo que en el contacto piel a piel ocurre es la reconexión de ese vínculo que puede haber roto un sistema de salud que desconoce la importancia de los lazos que unen a los sujetos.

 

 

Referencias bibliográficas

 

Bergman, Nils (2005), “El modelo Canguro de tener el bebé”, Sextas Jornadas sobre lactancia, París, Recuperado de http://www.quenoosseparen.info/articulos/documentacion/documentos/elmetodocangurodetenerelbebe_nils_bergman.pdf, Consultado el 24 de mayo de 2016.

 

Helman, Cecil. G. (1990). Culture, health and illness. An introduction for health professionals, Butterworth-Heinemann, Gran Bretaña.

 

Saloojee, H. (2008) “Contacto temprano piel a piel entre las madres y sus recién nacidos sanos”: Comentario de la BSR, La Biblioteca de Salud Reproductiva de la OMS; Ginebra.

 

Secretaría de Salud (2014), “Vigilancia y manejo del trabajo de parto en embarazo de bajo riesgo”, 11 de diciembre de 2014, Recuperado de http://www.cenetec.salud.gob.mx/interior/catalogoMaestroGPC.html (consultado el 13 de febrero de 2015).

 

Olza, Ibone (2013), Lactivista, Editorial Obstare, España.