Por Mercedes Campiglia

 

El gran descubrimiento de la segunda mitad del siglo XX fue comprobar que los bebés necesitaban a su madre. Ahora la labor importante es hacerlo creer a las madres!!

Michel Odent

No hay en realidad nada extraño en el hecho de que un bebé necesite estar en brazos de su madre al nacer. Se trata de un fenómeno completamente instintivo y natural: La madre es quien puede proveerle todo lo que necesita. 

Los estudios médicos recientes demuestran que durante el contacto piel a piel en el pecho de la madre, especialmente en el periodo sensible (las primeras horas de vida del recién nacido), ocurren importantes fenómenos: 

•    El organismo del bebé es colonizado por las bacterias de la madre, para las cuales tiene un sistema inmunológico desarrollado

•    El establecimiento de la lactancia se facilita gracias al estado de alerta del recién nacido

•    La temperatura del bebé se regula mejor incluso que en una cama térmica

•    El bebe regula más rápido sus niveles de azúcar y la frecuencia respiratoria

La mirada atenta del bebé busca los ojos de su madre al nacer y cuando los encuentra, se detiene el tiempo y se produce un lazo profundo entre quienes compartieron el viaje hacia la vida y finalmente se reconocen uno al otro… a eso se le llama apego inmediato. Las experiencias difíciles acercan nuestros corazones y afianzan los vínculos con aquellos que fueron nuestros compañeros en el trayecto… cualquiera puede dar fe de ello. En el encuentro entre madre e hijo tras el parto, además de ello, intervienen las hormonas. Gracias al trabajo de parto, el cuerpo de la mujer genera una enorme cantidad de oxitocina, endorfinas y prolactina. Esta “tormenta de hormonas”, como la llama el Dr. Florencio Medina, se encuentran en el torrente sanguíneo de madre e hijo afectando sus emociones y produciendo un estado particular de alerta en su conciencia que ayuda a que el lazo afectivo entre ellos se establezca.

Cada vez se asocian más beneficios con el apego inmediato: 

  • Favorece los lazos afectivos entre madre e hijo
  • Prolonga el periodo de amamantamiento
  • Mejora el desarrollo psicomotor del bebé
  • Le ayuda a establecer una buena socialización y a tener elevada autoestima 

Las primeras horas de vida, el bebé necesita estar en brazos de su mamá y la mamá necesita enamorarse de su bebé; es importante que el entorno respete este periodo de encuentro, ya que impactará en la naturaleza del vínculo temprano de madre e hijo. Pesar, medir, limpiar… no resulta urgente, por lo que no son razón suficiente para que mamá y bebé sean separados.

“La masificación de los servicios de salud lleva a la despersonalización de la atención”, dice el Dr. Medina, “debemos regresar a los orígenes (…) nos tachan de retrógradas por afirmarlo, dicen que queremos dar a luz como en la época de las cavernas. El hecho es que el apego precoz promueve el desarrollo de la inteligencia emocional”

EL BEBÉ

Un recién nacido que ha establecido un apego normal está atento, se calma en los brazos de su madre y se alimenta sin conflicto, mientras que aquel que tuvo problemas para establecer el apego se muestra irritable, no se calma en brazos de su madre ni logra regular patrones de alimentación… su succión es pobre y descoordinada.

LA MAMÁ

El apego también se refleja en la actitud de la madre. Una madre con apego normal se siente más satisfecha con la maternidad y es más eficiente para manejar la incomodidad y la demanda de su hijo que aquella que presenta alguna clase de disfunción en el apego. Cuando el apego no se ha establecido la madre está angustiada, temerosa y no logra identificar las necesidades de su bebé. 

En síntesis, cuando madre e hijo no establecen un apego saludable, les cuesta más trabajo entenderse y la difícil tarea de la crianza temprana que regularmente es suavizada por el franco enamoramiento, se vuelve árida. Es importante, sin embargo, evitar la dramatización entorno a este aspecto. Cuando no es posible que madre e hijo permanezcan juntos después del nacimiento, lo recomendable es establecer el apego lo antes posible, poniendo al bebé piel a piel en el pecho de su madre. No existe camino sin retorno ni daño imposible de reparar, pero ello no debe aparecer como justificación para desestimar la importancia del delicado momento en el que los ojos del bebé fijan su mirada en esos otros de quien, a partir de ese momento, se convierte en su madre.

Bibliografía

Dr. Florencio Medina Gómez, Ponencia “Apego inmediato” en el 2do Foro Integración de prácticas favorables para el nacimiento humanizado